viernes, 21 de junio de 2013

Pelé callado es un poeta

Hablaba hace una semana en este mismo blog sobre las reacciones de los tiranos ante las manifestaciones. Erdogan mimetizó en Turquía la respuesta de Gadafi, Mubarak, Al -Assad y Ben Ali insultando a los ciudadanos que se echaron a la calle y despreciando las protestas. Pues bien, Dilma Rousseff ha hecho justo lo contrario, afirmando estar orgullosa con el comportamiento de su pueblo.

De cara a la galería, es lo que pedíamos. El máximo dirigente de un país que protesta no puede reaccionar con agresividad y arrogancia ante las manifestaciones, puesto que lo único que consigue es que la ira y la frustración vayan a más. Rousseff ha aprendido la lección y mostró no sólo su respeto hacia las protestas sino también su admiración.


Sin embargo, el discurso de Rousseff no ha servido para acabar con las protestas. Eso sí, ha ayudado a no encenderlas, lo que ya es un avance respecto a otros países. Así, el motivo de las manifestaciones, la subida de 20 céntimos en el transporte público, fue atajado con relativa presteza y varias ciudades comenzaron a anular la subida en las tasas. El problema es que Brasil sale a la calle por esos 20 céntimos pero no sale a la calle sólo por esos 20 céntimos. Al igual que en Turquía, el parque de Estambul es la razón y a la vez no es la única razón de los levantamientos. Lo que se está comprobando es que los líderes políticos llevan tiempo poniendo a prueba la paciencia de los ciudadanos, de tal forma que 20 céntimos o un parque se convierten en la gota que colma el vaso. Y si esa gota viene acompañada de desprecio e incomprensión, el agua que cae sobre la mesa empieza a gotear también en el suelo.

Ante este panorama, aparece el fútbol. Hoy empieza el Mundial sub-20 en Turquía, en medio de un berenjenal importante. Mientras tanto, en Brasil las protestas no amainan mientras se disputa una Copa Confederación sobre la que recae la atención de medio mundo. Esto pone nerviosos a los gobernantes. Erdogan no quiere permitir que el Mundial sub-20 ponga en duda la estabilidad en su país, al igual que Rousseff, a pesar de su bonitas palabras, tampoco dejará que los manifestantes vociferen cerca de los estadios. Ayer, antes del Nigeria-Uruguay, ya se produjeron altercados importantes. Además, según El País, Brasil ha empezado a controlar las redes sociales para evitar que se convoquen grandes manifestaciones a través de ellas. De modo que en la práctica, Rousseff comienza también a acercarse peligrosamente a aquellos dictadores que tanto hemos criticado.


En mitad de esta combinación de indignación en las protestas y alegría en los estadios, no estaría mal que algún jugador de España, Italia o Uruguay se solidarizase con las protestas, como bien hizo Neymar hace unos días. Rivaldo y Romario, viejas glorias, también han mostrado su apoyo al pueblo. Pelé en cambio ha pedido que se respete al fútbol. El propio Romario, que nunca tuvo pelos en la lengua, le ha pedido que cierre la boca, porque cuando calla es un poeta. Y yo estoy seguro de que Pelé no sabe por lo que pasa su pueblo.

miércoles, 12 de junio de 2013

No sabes nada, Erdogan

Quiero que lean atentamente las siguientes declaraciones. Todas ellas fueron realizadas en Túnez, Egipto, Libia y Siria justo en el momento en el que estallaron las protestas en las calles en cada uno de esos países. Así reaccionaron sus líderes políticos ante las movilizaciones ciudadanas: 

-Zine El Abidine Ben Ali, ex presidente de Túnez:
“Son actos terroristas imperdonables llevados a cabo por bandas de jóvenes gamberros enmascarados".
"Estos incidentes son obra de grupos extranjeros que no pretenden nada bueno para nuestro país".
-Hosni Mubarak, ex presidente de Egipto:
“Nos estamos enfrentando a un problema y tenemos un objetivo que el terrorismo no quiere que cumplamos”.
“No podemos permitir que se realicen robos, saqueos e incendios y no cambiaré de opinión en ese sentido”.
-Muamar el Gadafi, ex presidente de Libia:
“Los manifestantes son delincuentes manipulados por fuerzas externas, incluida la red terrorista Al Qaeda".
“Entre quienes se manifiestan hay personas malas que distribuyen dinero y drogas a los jóvenes. ¿Conocéis a alguien decente que participe en esto? No los hay, es gente que se droga y se emborracha".
“Las cadenas extranjeras trabajan para el diablo”.
 
-Bashar al-Assad, presidente de Siria:
"El Ejército sirio está librando batallas frente a grupos armados y continuará hasta la eliminación de los terroristas”.
“La oposición está compuesta por terroristas internacionales sostenidos por las potencias occidentales”.
Si se fijan, observaran que el modo de comunicación que se lleva a cabo en cada una de estas intervenciones es parecido. Los manifestantes son terroristas que representan al mal y están apoyados desde el exterior por potencias occidentales que pretenden desestabilizar a la nación. Ese es el mensaje, común en todos y cada uno de estos mandatarios.

Pero no este no es el único elemento similar entre todos ellos. Estos discursos tuvieron lugar cuando la revolución comenzaba y lo único que se consiguió con ellos fue aumentar la ira de los manifestantes. Es decir, en los cuatro casos se demostró que este tipo de comunicación política perjudicó a los intereses del gobierno.


Dicho esto, observen ahora estas otras declaraciones, todas ellas procedentes del mismo personaje.

-Recep Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía:
“No haremos lo que hacen los saqueadores. Ellos queman y destruyen propiedades públicas. Saqueadores es la definición exacta”.
“No podemos abandonar las plazas a los anarquistas y terroristas”.
“La paciencia con los manifestantes está llegando a su límite”.
"La prensa internacional, sistemáticamente desinformada, ha llevado a cabo un ataque contra Turquía".
"Esa cosa que llaman redes sociales no es más que una fuente de problemas para la sociedad actual".
Claramente, Erdogan sigue la misma tónica de los discursos anteriores. Insulta y critica a los manifestantes calificándolos de terroristas y se queja de amenazas exteriores que pretenden desestabilizar el país. Exactamente lo mismo que Ben Ali, Mubarak, Gadafi y al-Assad afirmaron en su momento. Y todos sabemos como acabaron. Además, Erdogan critica a las redes sociales, algo que también sucedió, sobre todo, en Túnez y Egipto. De hecho, Mubarak cortó el acceso a internet en todo el país. Demasiadas similitudes, ¿no creen?

Erdogan debería ser más inteligente y aprender del pasado. Para eso sirve la historia, para revisar errores. Si quiere mantenerse en el poder y que las protestas no vayan a más tiene que ofrecer gestos positivos a los manifestantes. Desairar y despreciar las protestas sólo lleva a que la ira crezca entre las personas que se movilizan, de modo que ya va siendo hora de que los gobernantes aprendan cómo comportarse ante este tipo de acciones para que la situación no les sobrepase.

Quizá los asesores políticos de muchos países deban revisar sus sistemas de actuación. Y probablemente también aquí, en España, se debería dejar de calificar como terrorista y ETA a todo aquel que disiente o altere el rumbo natural de las cosas. Porque cada vez que María Dolores de Cospedal o Jorge Fernández imitan la actuación de Gadafi o Ben Ali ante las protestas, la gota que colma el vaso está más cerca. Erdogan nunca habría pensado verse en esta situación. Rajoy, puede que tampoco. Esperemos que su manual de comunicación de crisis no resulte obsoleto en caso de que se produzca..

viernes, 31 de mayo de 2013

Hacerse el tonto, la nueva forma de comunicación política

Olvídense. No van a volver. Puede usted, si quiere, leer discursos de hace 30 años, estudiar historia de comunicación política o incluso viajar a otros países para comprobar si allí las cosas son de otra manera. Pero a España descártela. Los años de grandes discursos políticos, brillante oratoria y representantes del pueblo honorables se han ido y difícilmente volverán. Probablemente sucedió hace más de dos décadas, cuando este país se acomodó en la buena vida. Nuestra nación llevaba siglos buscando tranquilidad, y cuando en los años de la Transición pareció encontrarla, perdimos a cambio la crítica, la rabia, la exigencia a los de arriba. Esto a su vez conllevó que los políticos se enmarcasen dentro de la teoría de pan y circo, con cada vez menos pan y con mucho más circo.


Y así tenemos lo que tenemos, una clase política incapaz de convencer. Uno se espera que Gallardón, Rubalcaba, Wert, Montoro, Cayo Lara o Rosa Díez expliquen qué sucede, por qué sucede y cómo cambiarlo de manera clara, elegante y acertada. Nada más lejos de la realidad. La comunicación política de nuestro país se basa en el “y tú más”, el “yo no”, el “Virgencita, Virgencita que me dejen como estoy” y el “da igual, si no se van a enterar”. Eso ha funcionado durante mucho tiempo. Pero la crisis ha traído consigo algo bueno, y es el cabreo que se cuece en la calle y que se dirige contra los políticos, la monarquía y todo aquel que sigue usando herramientas de ayer para la realidad de hoy. Los políticos son trapecistas que caminan por una cuerda cada vez más fina, y en el foso está el pueblo, esperando a que caigan. Y esa clase política, en vez de frenar e intentar reinventarse, sigue adelante perdiendo el equilibrio a cada paso, cerrando los ojos y rezando por no caer.

Sólo así se explica que venga IU en Andalucía a decir que votaron a favor de subirse las dietas porque “no lo entendieron bien”. O que Ana Mato afirme que no sabía de dónde venía el dinero con el que se fue de viaje a Disneyland París. O que el PP califique como “error contable” los pagos a Blesa. O que la política autonómica, provincial y local en cada rincón de España repita a pequeña escala las pantomimas que vemos en el Congreso y el Senado.


No sé, quizá hace décadas sucedía lo mismo, pero al menos se curraban las excusas. Ahora no sólo nos expolian, que ya es grave, sino que además nos toman por imbéciles. Fingir incredulidad para evitar dar explicaciones. Esa es la comunicación política en la España del siglo XXI.

martes, 30 de abril de 2013

Lo que pasa en Italia

Imaginemos que PP y PSOE consiguiesen una pobre cifra de votos en las próximas elecciones generales, del 25 % de los sufragios cada uno, por ejemplo. Ahora supongamos que Andrés Pajares crea un partido cuya base es la crítica a la clase política y consigue una cantidad de sufragios similar a la de PP y PSOE. Por último, divaguemos sobre la posibilidad de que el líder del PP fuese un José María Aznar que vuelve a la política y que además tuviese un par de cadenas de televisión en sus manos y cuentas pendientes con la justicia. Un cóctel explosivo, ¿verdad?. Pues bien, eso está pasando en Italia. 

Podríamos afirmar que el PSOE italiano se corresponde con el Partido Democrático (PD), mientras que el PP italiano sería el Partido de la Libertad (PDL). El PD ganó las pasadas elecciones con una escasa diferencia sobre el PDL y el Movimiento 5 Estrellas, formación liderada por el cómico Beppe Grillo, el Pajares italiano. Aclaremos también que el PD se impuso en las elecciones con Pier Luigi Bersani a la cabeza (el Rubalcaba italiano), mientras que Silvio Berlusconi es el José María Aznar del PDL, con juicios pendientes y cadenas de televisión propias incluidas.


Para complicar el asunto, añadan dos ingredientes más a la historia. Rubalcaba (Bersani) dimite ante la imposibilidad de formar gobierno y el presidente de la República de Italia, Giorgio Napolitano (podría servirnos el ejemplo del rey Juan Carlos I en España, pero elegido democráticamente cada siete años) decide, a sus 87 años, volver a asumir la presidencia de la República con la misión de crear Gobierno tras la dimisión de Bersani y ante la total diferencia de posturas entre un PD (PSOE) que se niega a compartir el poder con un PDL (PP) manchado y que no puede aliarse con el Movimiento 5 Estrellas (el partido de Pajares) ya que se trata de un grupo anti todo que mentiría a sus votantes si llegase a un acuerdo con PD o PDL. 

Así las cosas, Giorgio Napolitano, un hombre íntegro y muy bien valorado en Italia (en eso también se diferenciaría de nuestro querido Juan Carlos I) asume la tarea de poner de acuerdo a las partes, y tras mucho negociar, acuerda que Enrico Letta, del PD, sea el nuevo primer ministro italiano. Berlusconi y el resto del PD se muestran de acuerdo y deciden iniciar rondas de negociaciones para elegir un gobierno de unidad en el que PD, PDL y el partido de Mario Monti, que fracasó en las elecciones, colocan a hombres y mujeres de capaces y válidos (salvo algunas excepciones) como ministros.


De modo que hemos conseguido que PD y PDL se pongan de acuerdo ante una situación extrema a pesar de que los votantes de uno y otro partido no estén muy contentos. En la oposición permanecerá el Movimiento 5 Estrellas acusando a PD y PDL de hacer trampa y llamando de manera indirecta a la sublevación ciudadana. No parece un panorama estable, desde luego. Suena incluso utópico.

Así las cosas, la pregunta clave es la siguiente: ¿Durará la coalición entre PD, PDL?. Y ahí van otras dos: ¿Sería posible que PP y PSOE llegaran a un acuerdo como éste? ¿Duraría dicho acuerdo (en caso de concretarse) más o menos que en Italia?. Nos convendría seguir de cerca este asunto. En 2016 habrá elecciones en España y no me cabe duda de que ni PP ni PSOE obtendrán una mayoría suficiente como para gobernar. Más problemas a la vista.

viernes, 19 de abril de 2013

Una noticia mal contada

Dejo aquí el vídeo de la conferencia “Desahucio y suicidio, una noticia mal contada”, de Alejandro Rocamora Bonilla, vicepresidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS).

Rocamora Bonilla se mantiene en la línea de lo que vengo enunciando en este blog desde hace tiempo. Tal y como afirma este psiquiatra, los suicidios no han aumentado por pobreza, paro o desahucio, entre otras cosas porque ni hay datos que lo corroboren ni tampoco una investigación seria sobre las causas de los suicidios en España. Rocamora Bonilla recuerda que desde que comenzó la crisis los suicidios no han aumentado y que ni mucho menos se puede hablar de epidemia, algo que erróneamente suelen hacer los medios de comunicación.



Los periodistas confunden además términos como ideación suicida y suicidio y cometen fallos a la hora de analizar las estadísticas, ofreciendo titulares simplistas e impregnados de sensacionalismo. Los medios olvidan continuamente algo clave, y es que la conducta suicida constituye una situación poliédrica y multifactorial.

Rocamora Morilla afirma que los medios de comunicación evitan tratar el tema del suicidio por miedo al contagio, un contagio que no es tal. Apunta que es necesario hablar sobre el suicidio, pero adquiriendo antes los conocimiento sobre cómo debe hacerse. Es decir, la cuestión no es si es correcto o no reflejar el suicidio en los medios, sino el modo en el que debe hacerse. Se habla de efecto contagio, pero no del efecto preventivo, que también existe y que puede ser sumamente beneficioso para el presuicida.


El psiquiatra recuerda que el suicidio no es noticia en España y que los medios sólo se hacen eco de este problema cuando lo que rodea a un suicidio es relevante para ellos, como ocurre con casos de personas famosas, con situaciones escabrosas o con los desahucios. Rocamora Morilla asegura que es necesario evitar ensalzar al suicida, obviar las explicaciones simplistas, no ahondar en el método usado por el suicida, eviar publicar las notas de suicidio y que este tipo de informaciones no aparezcan en portada. Pero tal y como demostré en mi Trabajo de Fin de Máster sobre la comunicación del suicidio (que pronto estará publicado), en España estos requisitos no se cumplen. Además, al igual que se hace con el maltrato, las noticias sobre suicidio deberían acompañadarse de teléfonos e indicaciones que puedan ayudar a una persona que atraviese un proceso de ideación suicida.

Recomiendo ver la conferencia y sacar conclusiones propias. Por mi parte, sólo puedo aplaudir todo lo enunciado por Rocamora Morilla puesto que mi experiencia me indica que se tratan de afirmaciones correctas y sin apenas difusión. Esperemos que algún día se nos escuche y se tomen medidas reales y eficaces para que los suicidios dejen de ser la principal causa de muerte tras las enfermedades graves.

domingo, 31 de marzo de 2013

Suicidios, desahucios y manipulación


2004 fue un año de bonanza económica para España. De hecho, todas las encuestas apuntaban una victoria incontestable de Mariano Rajoy en las elecciones que tuvieron lugar en marzo de aquel año, dando así continuidad a los ocho años del PP en el poder con José María Aznar como presidente. La mayoría de los españoles estaban contentos con la situación de España, hecho que se reflejaba en las encuestas. Los atentados de Atocha por parte de Al Qaeda, en cambio, cambiaron el guión y provocaron que José Luis Rodríguez Zapatero alcanzase la presidencia. Aun así, la situación del país era buena y de hecho se continuó con esta dinámica positiva hasta el comienzo de la crisis, que tuvo lugar entre 2007 y 2008. 

En contraste con la buena situación económica, 2004 fue también el año en el que más suicidios tuvieron lugar en la historia de España, superando las 3.500 muertes. En 2011, en cambio, esta cifra se redujo hasta las 3.180 defunciones, de modo que podemos afirmar que la crisis económica que asola España apenas ha influido en la tasa de muertes de este tipo, según las cifras ofrecidas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). De hecho, desde 2007, cuando comenzaron los problemas en la economía mundial, el número de suicidios ha disminuido año a año, excepto en 2011, última fecha de la que se tienen datos y cuando las muertes de este tipo aumentaron ligeramente.


Por otro lado, los desahucios han aumentado de manera considerable desde el comienzo de la crisis económica, como es normal. Resulta complicado ofrecer cifras exactas, sin embargo la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) habla de 171.110 desahucios desde julio de 2008. Por supuesto, no todos estos desahucios se han producido en casas familiares, ya que muchos de ellos tuvieron lugar en locales, fincas, oficinas y naves. No obstante, es innegable que miles de familias se han quedado sin casa desde el comienzo de la crisis y que los desahucios de personas sin recursos se han incrementado enormemente. 

Con estos datos, no resulta difícil determinar cuál es la relación entre los suicidios y los desahucios en España. Para extraer conclusiones sobre el número de suicidios por desahucio que se han producido basta con leer los tres párrafos anteriores. El incremento inmenso de desahucios fruto de la crisis económica coincide con un acusado descenso del número de suicidios. ¿Significa esto que es falso que haya personas que deciden quitarse la vida tras verse desahuciadas? Ni mucho menos. Recientemente se han producido multitud de casos, de los que los medios de comunicación se han hecho eco con fuerza, en los que parece claro que diversas personas decidieron quitarse la vida debido, en parte, a la inminencia de un desahucio. De modo que sí, los desahucios han influido en algunos casos de suicidio.


El PAH, por su parte, asegura que el 34% de los suicidios en España se debe a un desahucio. Se trata, claramente, de un dato absurdo y manipulado. El 34% de las 3.180 personas que murieron por suicidio en España en 2011 es 1.081. Si es cierto que los desahucios provocan el 34% del total de los suicidios, éstos deberían haber aumentado en más de 1.000 muertes al año desde el comienzo de la crisis. Pero como vimos antes no ha sido así, sino todo lo contrario. El aumento de los desahucios ha coincidido con el descenso de los suicidios.

Las intenciones del PAH son loables. Sus razones, incuestionables. Por ello no es necesario que esta plataforma tergiverse la realidad para luchar por sus propósitos, y mucho menos cuando esa realidad afecta a otro aspecto que está siendo olvidado. En España mueren más de 3.000 personas por suicidio al año y se trata de un problema que debe ser tenido en cuenta por medios de comunicación, instituciones sanitarias y políticos. Para ello es necesario determinar qué se está haciendo mal y cómo se puede solucionar. Sin embargo, si relacionamos de manera falsa y simplista los suicidios con los desahucios estaremos dando la espalda al problema. Sin ir más lejos, cubrir un suicidio tras un desahucio de manera sensacionalista y simplista, como lo están haciendo los medios de comunicación en España, no sólo no ayuda a solucionar el problema del suicidio sino que además se corre el riesgo de producir un efecto mimético en personas que se encuentren en situaciones dramáticas similares.


Ada Colau, cofundadora y portavoz de la PAH, debe canalizar la fuerza social con la que cuenta de manera responsable y evitar que el suicidio sea usado para causas que nada tienen que ver con su resolución. Seamos fieles a la verdad. Sólo hay que mirar las cifras. 

lunes, 18 de marzo de 2013

El problema del suicidio en España

El suicidio sigue constituyendo un fenómeno preocupante para nuestro país. Esta es la principal conclusión que podemos extraer tras conocer los datos sobre defunciones de 2011 que recientemente publicó el Instituto Nacional de Estadística (INE). Las muertes voluntarias aumentaron durante dicho año, y aunque el incremento fue muy ligero, lo destacable es que los suicidios, que en 2010 constituían un problema grave, mantuvieron en 2011 la misma dinámica. Pero no sólo ha aumentado la cifra de suicidios, algo que podría ser comprensible ya que la población española ascendió en 2011. Lo preocupante es que la tasa de suicidios (muertes por suicidio que se producen por cada 100.000 habitantes) también se vio incrementada en una décima.

Así, mientras que en 2010 los muertos por suicidio ascendieron a 3.158 (6,7 muertos por suicidio por cada 100.000 habitantes), en 2011 esta cifra alcanzó los 3.180 muertos (con una tasa de suicidio de 6,8). Como podemos comprobar, el incremento es mínimo. Pero el simple hecho de que las cifras sean similares de un año para otro y de que los datos se sigan comportando del mismo modo, hace pensar que no se está haciendo mucho por prevenir el suicidio en España, y que las escasas propuestas que se llevan a cabo no surten el efecto deseado, ni en sanidad, ni en educación ni mucho menos en comunicación.


Mientras tanto, los muertos en carretera pasaron de 1.730 en 2010 (3,7 muertos de cada 100.000 habitantes) a 1.479 en 2011 (una tasa de 3,2). Se trata de un descenso acusado que habla muy bien del tratamiento informativo y de los planes de prevención que reciben los accidentes de tráfico en nuestro país, y que brilla por su ausencia en los casos de suicidio. Sólo es necesario pararse a pensar cuántas noticias y campañas de prevención en carretera contemplamos cada año y cuántas percibimos relativas al suicidio, con casi el doble de muertes. Ciertamente, las cosas no cuadran. 

Dos son las ideas preocupantes que se desprenden de los nuevos datos. La primera de ellas es el incremento de suicidios que se ha producido en 2011 tras tres años descendiendo (desde 2008). El segundo es el notable aumento del suicidio en mujeres. Profundizando un poco más podemos comprobar que los muertos por suicidio descendieron en los hombres, pasando de 2.468 muertes en 2010 (10,6 de cada 100.000 habitantes) a 2.435 un año después (10,5), mientras que entre las mujeres los suicidios aumentaron, pasando de 690 a 745 defunciones (de 2,9 a 3,1 en tasa). Aun así, podemos comprobar que la tasa de suicidio sigue siendo tres veces mayor en hombres que en mujeres, una de las notas características del suicidio en todo el mundo.


También es necesario destacar que la franja de edad de 25 a 39 años ha sufrido el mayor incremento en ambos géneros, y que mientras los hombres descienden en muertes por suicidio en el resto de edades, las mujeres han mostrado un ascenso en varias franjas, sobre todo en la tercera edad. Especialmente preocupantes son las cifras de suicidios en personas mayores, que vienen acompañadas de un silencio sepulcral. De hecho, se trata de la franja de edad con mayor tasa de suicidios, y sin embargo apenas escuchamos hablar sobre ello en los medios de comunicación. 

En lo que respecta a la estacionalidad, se mantiene la dinámica de 2010 y los meses de verano y primavera continúan siendo la época del año en la que más suicidios se producen. Por otro lado, por comunidades autónomas, Asturias y Galicia siguen ostentando las tasas más altas, con 11 muertes por cada 100.000 habitantes. Mientras tanto, la Comunidad de Madrid ronda las 2 muertes de tasa, las más baja de España, algo muy particular ya que Madrid es una de las comunidades más pobladas y debería ser un reflejo de lo que sucede en España. Y sin embargo, la tasa es tres veces inferior a la media del país. Destaca también que en Cantabria se han duplicado los suicidios de 2010 a 2011, acercándose a las elevadas tasas de Asturias y Galicia, vecinos geográficos, al igual que Navarra, País Vasco y La Rioja, que han aumentado sus ratios en consonancia con el norte de España. El resto de zonas ha decrecido en este aspecto y, en general, y se mantienen cerca de la media nacional.


En resumen, el suicidio sigue constituyendo la principal causa de muerte violenta en España, por delante de las muertes que provocan los accidentes de tráfico, los homicidios o el SIDA. En España lo "normal" es fallecer debido a una enfermedad, pero la segunda causa de muerte es el suicidio, por delante de cualquier otro factor. Los datos se repiten año a año sin que ni los medios de comunicación ni los partidos políticos muestren preocupación alguna. Los desahucios, que están cobrando importancia debido a la crisis económica, han provocado que algunas informaciones de este tipo vean la luz, pero siempre de manera simplista y con un tratamiento inadecuado. Cada día se suicidan en España nueve personas, pero los medios sólo se hacen eco de aquellas muertes voluntarias que están ligadas a temas de actualidad. Por su parte, UPyD encabezó una Proposición No de Ley en el Congreso de los Diputados que buscaba avanzar en la prevención del suicidio, pero de la que aún no se tienen noticias.

Hasta que el suicidio no sea debidamente explicado por los medios de comunicación, comprendido por la sociedad y atajado por los partidos políticos, más de 3.000 personas morirán cada año en España por esta causa. ¿Vale más una muerte en la carretera que un suicidio? Seguiré luchando para que la respuesta a esta pregunta sea NO.