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miércoles, 12 de junio de 2013

No sabes nada, Erdogan

Quiero que lean atentamente las siguientes declaraciones. Todas ellas fueron realizadas en Túnez, Egipto, Libia y Siria justo en el momento en el que estallaron las protestas en las calles en cada uno de esos países. Así reaccionaron sus líderes políticos ante las movilizaciones ciudadanas: 

-Zine El Abidine Ben Ali, ex presidente de Túnez:
“Son actos terroristas imperdonables llevados a cabo por bandas de jóvenes gamberros enmascarados".
"Estos incidentes son obra de grupos extranjeros que no pretenden nada bueno para nuestro país".
-Hosni Mubarak, ex presidente de Egipto:
“Nos estamos enfrentando a un problema y tenemos un objetivo que el terrorismo no quiere que cumplamos”.
“No podemos permitir que se realicen robos, saqueos e incendios y no cambiaré de opinión en ese sentido”.
-Muamar el Gadafi, ex presidente de Libia:
“Los manifestantes son delincuentes manipulados por fuerzas externas, incluida la red terrorista Al Qaeda".
“Entre quienes se manifiestan hay personas malas que distribuyen dinero y drogas a los jóvenes. ¿Conocéis a alguien decente que participe en esto? No los hay, es gente que se droga y se emborracha".
“Las cadenas extranjeras trabajan para el diablo”.
 
-Bashar al-Assad, presidente de Siria:
"El Ejército sirio está librando batallas frente a grupos armados y continuará hasta la eliminación de los terroristas”.
“La oposición está compuesta por terroristas internacionales sostenidos por las potencias occidentales”.
Si se fijan, observaran que el modo de comunicación que se lleva a cabo en cada una de estas intervenciones es parecido. Los manifestantes son terroristas que representan al mal y están apoyados desde el exterior por potencias occidentales que pretenden desestabilizar a la nación. Ese es el mensaje, común en todos y cada uno de estos mandatarios.

Pero no este no es el único elemento similar entre todos ellos. Estos discursos tuvieron lugar cuando la revolución comenzaba y lo único que se consiguió con ellos fue aumentar la ira de los manifestantes. Es decir, en los cuatro casos se demostró que este tipo de comunicación política perjudicó a los intereses del gobierno.


Dicho esto, observen ahora estas otras declaraciones, todas ellas procedentes del mismo personaje.

-Recep Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía:
“No haremos lo que hacen los saqueadores. Ellos queman y destruyen propiedades públicas. Saqueadores es la definición exacta”.
“No podemos abandonar las plazas a los anarquistas y terroristas”.
“La paciencia con los manifestantes está llegando a su límite”.
"La prensa internacional, sistemáticamente desinformada, ha llevado a cabo un ataque contra Turquía".
"Esa cosa que llaman redes sociales no es más que una fuente de problemas para la sociedad actual".
Claramente, Erdogan sigue la misma tónica de los discursos anteriores. Insulta y critica a los manifestantes calificándolos de terroristas y se queja de amenazas exteriores que pretenden desestabilizar el país. Exactamente lo mismo que Ben Ali, Mubarak, Gadafi y al-Assad afirmaron en su momento. Y todos sabemos como acabaron. Además, Erdogan critica a las redes sociales, algo que también sucedió, sobre todo, en Túnez y Egipto. De hecho, Mubarak cortó el acceso a internet en todo el país. Demasiadas similitudes, ¿no creen?

Erdogan debería ser más inteligente y aprender del pasado. Para eso sirve la historia, para revisar errores. Si quiere mantenerse en el poder y que las protestas no vayan a más tiene que ofrecer gestos positivos a los manifestantes. Desairar y despreciar las protestas sólo lleva a que la ira crezca entre las personas que se movilizan, de modo que ya va siendo hora de que los gobernantes aprendan cómo comportarse ante este tipo de acciones para que la situación no les sobrepase.

Quizá los asesores políticos de muchos países deban revisar sus sistemas de actuación. Y probablemente también aquí, en España, se debería dejar de calificar como terrorista y ETA a todo aquel que disiente o altere el rumbo natural de las cosas. Porque cada vez que María Dolores de Cospedal o Jorge Fernández imitan la actuación de Gadafi o Ben Ali ante las protestas, la gota que colma el vaso está más cerca. Erdogan nunca habría pensado verse en esta situación. Rajoy, puede que tampoco. Esperemos que su manual de comunicación de crisis no resulte obsoleto en caso de que se produzca..

viernes, 31 de mayo de 2013

Hacerse el tonto, la nueva forma de comunicación política

Olvídense. No van a volver. Puede usted, si quiere, leer discursos de hace 30 años, estudiar historia de comunicación política o incluso viajar a otros países para comprobar si allí las cosas son de otra manera. Pero a España descártela. Los años de grandes discursos políticos, brillante oratoria y representantes del pueblo honorables se han ido y difícilmente volverán. Probablemente sucedió hace más de dos décadas, cuando este país se acomodó en la buena vida. Nuestra nación llevaba siglos buscando tranquilidad, y cuando en los años de la Transición pareció encontrarla, perdimos a cambio la crítica, la rabia, la exigencia a los de arriba. Esto a su vez conllevó que los políticos se enmarcasen dentro de la teoría de pan y circo, con cada vez menos pan y con mucho más circo.


Y así tenemos lo que tenemos, una clase política incapaz de convencer. Uno se espera que Gallardón, Rubalcaba, Wert, Montoro, Cayo Lara o Rosa Díez expliquen qué sucede, por qué sucede y cómo cambiarlo de manera clara, elegante y acertada. Nada más lejos de la realidad. La comunicación política de nuestro país se basa en el “y tú más”, el “yo no”, el “Virgencita, Virgencita que me dejen como estoy” y el “da igual, si no se van a enterar”. Eso ha funcionado durante mucho tiempo. Pero la crisis ha traído consigo algo bueno, y es el cabreo que se cuece en la calle y que se dirige contra los políticos, la monarquía y todo aquel que sigue usando herramientas de ayer para la realidad de hoy. Los políticos son trapecistas que caminan por una cuerda cada vez más fina, y en el foso está el pueblo, esperando a que caigan. Y esa clase política, en vez de frenar e intentar reinventarse, sigue adelante perdiendo el equilibrio a cada paso, cerrando los ojos y rezando por no caer.

Sólo así se explica que venga IU en Andalucía a decir que votaron a favor de subirse las dietas porque “no lo entendieron bien”. O que Ana Mato afirme que no sabía de dónde venía el dinero con el que se fue de viaje a Disneyland París. O que el PP califique como “error contable” los pagos a Blesa. O que la política autonómica, provincial y local en cada rincón de España repita a pequeña escala las pantomimas que vemos en el Congreso y el Senado.


No sé, quizá hace décadas sucedía lo mismo, pero al menos se curraban las excusas. Ahora no sólo nos expolian, que ya es grave, sino que además nos toman por imbéciles. Fingir incredulidad para evitar dar explicaciones. Esa es la comunicación política en la España del siglo XXI.

martes, 30 de abril de 2013

Lo que pasa en Italia

Imaginemos que PP y PSOE consiguiesen una pobre cifra de votos en las próximas elecciones generales, del 25 % de los sufragios cada uno, por ejemplo. Ahora supongamos que Andrés Pajares crea un partido cuya base es la crítica a la clase política y consigue una cantidad de sufragios similar a la de PP y PSOE. Por último, divaguemos sobre la posibilidad de que el líder del PP fuese un José María Aznar que vuelve a la política y que además tuviese un par de cadenas de televisión en sus manos y cuentas pendientes con la justicia. Un cóctel explosivo, ¿verdad?. Pues bien, eso está pasando en Italia. 

Podríamos afirmar que el PSOE italiano se corresponde con el Partido Democrático (PD), mientras que el PP italiano sería el Partido de la Libertad (PDL). El PD ganó las pasadas elecciones con una escasa diferencia sobre el PDL y el Movimiento 5 Estrellas, formación liderada por el cómico Beppe Grillo, el Pajares italiano. Aclaremos también que el PD se impuso en las elecciones con Pier Luigi Bersani a la cabeza (el Rubalcaba italiano), mientras que Silvio Berlusconi es el José María Aznar del PDL, con juicios pendientes y cadenas de televisión propias incluidas.


Para complicar el asunto, añadan dos ingredientes más a la historia. Rubalcaba (Bersani) dimite ante la imposibilidad de formar gobierno y el presidente de la República de Italia, Giorgio Napolitano (podría servirnos el ejemplo del rey Juan Carlos I en España, pero elegido democráticamente cada siete años) decide, a sus 87 años, volver a asumir la presidencia de la República con la misión de crear Gobierno tras la dimisión de Bersani y ante la total diferencia de posturas entre un PD (PSOE) que se niega a compartir el poder con un PDL (PP) manchado y que no puede aliarse con el Movimiento 5 Estrellas (el partido de Pajares) ya que se trata de un grupo anti todo que mentiría a sus votantes si llegase a un acuerdo con PD o PDL. 

Así las cosas, Giorgio Napolitano, un hombre íntegro y muy bien valorado en Italia (en eso también se diferenciaría de nuestro querido Juan Carlos I) asume la tarea de poner de acuerdo a las partes, y tras mucho negociar, acuerda que Enrico Letta, del PD, sea el nuevo primer ministro italiano. Berlusconi y el resto del PD se muestran de acuerdo y deciden iniciar rondas de negociaciones para elegir un gobierno de unidad en el que PD, PDL y el partido de Mario Monti, que fracasó en las elecciones, colocan a hombres y mujeres de capaces y válidos (salvo algunas excepciones) como ministros.


De modo que hemos conseguido que PD y PDL se pongan de acuerdo ante una situación extrema a pesar de que los votantes de uno y otro partido no estén muy contentos. En la oposición permanecerá el Movimiento 5 Estrellas acusando a PD y PDL de hacer trampa y llamando de manera indirecta a la sublevación ciudadana. No parece un panorama estable, desde luego. Suena incluso utópico.

Así las cosas, la pregunta clave es la siguiente: ¿Durará la coalición entre PD, PDL?. Y ahí van otras dos: ¿Sería posible que PP y PSOE llegaran a un acuerdo como éste? ¿Duraría dicho acuerdo (en caso de concretarse) más o menos que en Italia?. Nos convendría seguir de cerca este asunto. En 2016 habrá elecciones en España y no me cabe duda de que ni PP ni PSOE obtendrán una mayoría suficiente como para gobernar. Más problemas a la vista.

viernes, 28 de diciembre de 2012

La verdad sobre la sanidad pública en Madrid y Andalucía

En esta España dividida en la que vivimos las informaciones desde uno y otro bando sobrevuelan nuestra cabeza sin freno. A la enorme cantidad de textos que derecha e izquierda se lanzan mutuamente hay que sumar la falta de veracidad que muestran muchas de estas informaciones. El objetivo es dañar al contrario, y si para ello es necesario adecuar la realidad a determinados informes, no se duda. La lista de ejemplos de este tipo es interminable, tanto en un bando como en el otro. 

La última batalla que se ha librado en este campo de trincheras informativas ha tenido lugar con motivo de la sanidad pública. Mientras la izquierda política de nuestro país ataca a discreción a Madrid por el proceso de privatización que está llevando a cabo el PP con Ignacio González a la cabeza, desde la derecha se huye del término “privatización” como de la peste y se habla de externalización de los servicios sanitarios, término que no existe ni en la RAE.



En cualquier caso, políticos del entorno de José Antonio Griñán han sido los principales bombarderos contra Madrid, aprovechando la ocasión para presumir de un sistema sanitario 100% público en Andalucía. De hecho, el portavoz del Gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez, afirmaba hace unos días en el diario digital ELPLURAL lo siguiente: 

“No hay ni un solo hospital privado entre todos los que gestiona la Junta, ni uno solo, son públicos al 100% (…) no hay uno solo de los 47 hospitales públicos de Andalucía y de los más de 1.500 centros de salud que estén ni vayan a estar en esta situación. Todos son públicos, con gestión pública, personal público y atención pública (…) hay una actividad complementaria que se hace en el ámbito privado pero mediante la figura de los conciertos (…) en el presupuesto del 2013 sólo representará el 3,7% del montante de la Consejería de Salud”.
Estas declaraciones de Vázquez intentaban desacreditar las palabras de una componente del PP con las que se intentaba desviar la atención de su proceso de privatización (o externalización) de seis hospitales madrileños. La vicesecretaria de Organización, Electoral y Política Municipal del PP andaluz, Ana María Corredera, denunció hace unos días en la sede del PP andaluz el doble discurso del PSOE en este aspecto, tal y como reflejó Libertad Digital hace unos días. Corredera afirmó lo siguiente:
“El PSOE andaluz lleva años decantándose por la privatización de la sanidad a través de conciertos, externalización de servicios y la venta de acciones, por lo que Andalucía es una de las comunidades con más peso de lo privado en la sanidad (…) de los 88 hospitales que hay en Andalucía, sólo 29 son totalmente públicos, 17 son concertados y 42 son privados. La tasa de hospitales públicos por cada cien mil habitantes es de 0,56, lo que sitúa a Andalucía en el antepenúltimo puesto entre las comunidades autónomas y por debajo de la media nacional que es de 0,71”.
Ante tal disparidad de datos supuestamente oficiales, al ciudadano de a pie únicamente le resta volverse loco. ¿A quién creer? ¿Cómo es posible que ambas partes aseguren con tal rotundidad posiciones tan contrarias?. Con esta política de manipulación, lo que PP y PSOE buscan es que los afines a la derecha crean a unos y los partidarios de la izquierda se fíen de los otros, sin contrastar informaciones y desechando aquellos datos que sean contrarios a su ideología. Es decir, todo lo contrario a lo que una información veraz y objetiva debería buscar, que es convencer a base de argumentos y no de aseveraciones.

Como no me gusta lo que existe en España, ni en una cuadra ni en la otra, decidí moverme y buscar datos. Algunos lo llamarían “investigar”, pero esta acción requirió tan poco tiempo que no me atrevo ni a denominarlo de tal forma. Decidí acudir al Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, órgano dependiente de la Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo. Es decir, órgano dependiente de la Junta de Andalucía. La sorpresa fue mayúscula.

Según un estudio de los recursos sanitarios y salud de la población llevado a cabo por este organismo, en 2011 en Andalucía había 34 hospitales generales públicos (47%) y 38 privados (53%). Es decir, más de la mitad de los hospitales generales andaluces eran privados. En lo que respecta al número de camas instaladas en camas públicas y privadas, 17.530 camas pertenecen al primer tipo de servicio (82%), mientras que en el sector privado habría instaladas 3.927 camas (18%). Así, ,mientras que el numero de hospitales privados en Andalucía es enorme, el número de camas instaladas en cada uno de ellos es bastante bajo en relación al de los hospitales públicos.


Veamos ahora la situación en la Comunidad de Madrid. Hace un par de meses la web Acta Sanitaria se hizo eco de un estudio de DBK, empresa española especializada en la elaboración de estudios de análisis sectorial y de la competencia. En dicho estudio se especificaba que en la actualidad Madrid cuenta con 32 hospitales públicos (48%) y 34 privados (52%), con un total de 14.000 (74%) y 4.800 (26%) camas respectivamente. 

Así, a día de hoy las cifras entre ambas comunidades son bastante similares, tanto en número de hospitales privados y públicos como en cifra de camas disponibles en cada uno de ellos. Sin embargo, es preciso puntualizar que ante la inminente ola de privatización de la sanidad de la Comunidad de Madrid, las cifras de hospitales y camas en manos del sector privado aumentarán de manera considerable.

¿Qué podemos deducir con esto? Que mienten ambos. Que ni el PSOE dice la verdad al hablar de un sistema sanitario 100% público en Andalucía ni el PP es sincero al colocar a la comunidad autónoma que preside Griñán como la zona que más apuesta por la privatización en la sanidad. De modo que la única solución es creerse una pequeña parte de lo que dice cada uno. Aunque mi consejo es que no crean a ninguno.