miércoles, 6 de febrero de 2013

Suicidios, Francia, Finlandia y Ana Rosa Quintana

Hace unas semanas algunos medios de comunicación como TVE o ABC se hicieron eco de una información sobre los datos de suicidio en Francia según la cual el país galo habría superado las 12.000 muertes anuales por esta causa. Se trata de cifras muy preocupantes, sobre todo si las comparamos con las tasas que muestran los países de sur de Europa. Grecia o España, naciones en las que sucesos de este tipo comienzan a preocupar a la sociedad, presentan cifras muy inferiores. Así, mientras que en Francia se suicidan 18 personas por cada 100.000 habitantes, en Grecia o España ese ratio disminuye de forma considerable hasta 8 y 6 muertes por cada 100.000 habitantes, respectivamente, según los últimos datos de cada país (2011 y 2010, respectivamente).



El estudio, realizado por Christophe Dejours, refleja que en Francia mueren cada año alrededor de 4.000 personas en accidentes de tráfico, tres veces menos que por suicidio. En España 1.700 personas murieron en la carretera en 2010 y alrededor de 3.000 se suicidaron. Son datos más que suficientes como para empezar a otorgar a los suicidios la importancia que merecen, por encima de los accidentes de tráfico, cuya atención mediática es infinitamente mayor. 

Pero volvamos a la comparativa. La diferencia económica entre el norte y el sur de Europa es muy grande, sin embargo la riqueza en nuestro continente parece estar ligada a las altas tasas de suicidio. Francia es el ejemplo que acabo de exponer, pero Finlandia puede ser otro caso válido. Ana Rosa Quintana, en su tuiter, habló hace unos días sobre la elevada tasa de suicidios en Finlandia, con la intención de restar méritos a la enorme calidad de la educación finlandesa, de la que Jordi Évole se hacía eco en su último y recomendable programa de Salvados.
Es cierto que Finlandia posee cifras muy altas de suicidios, puesto que en 2003 llegaron a rondar las 20 muertes por cada 100.000 habitantes. Aunque esta cifra se está reduciendo y en 2007 se hablaba ya de una tasa de 18, idéntica a la francesa, encontramos aún datos muy preocupantes que hacen ver que el buen nivel económico de un país no puede ser determinante para hablar de disminución en las tasas de suicidio, ya que los países del sur de Europa, económicamente inferiores, ni por asomo se acercan a las altísimas tasas de sus vecinos ricos del norte. Esto desmontaría la teoría de que el aumento de suicidios se podría deber única y exclusivamente a la crisis económica, tan defendida por algunos sectores, sobre todo de la izquierda.

En cualquier caso Ana Rosa Quintana aludió al frío y a las tapas, además de a los suicidios, para argumentar que la educación en España no tiene muchas cosas que envidiar a la finlandesa 
(posteriormente la periodista dijo haber usado la ironía). Por supuesto se trata de un argumento absurdo e irrisorio enlazar la temperatura o la comida con el nivel educativo, sin embargo los suicidios en estos países sí que podrían estar relacionados con una educación que no favorece una cohesión social que sí se da en España. Y es que a mi parecer, una fluida vida social actúa como una fuerte barrera ante el suicidio independientemente de la situación económica. Y en cuanto a vida social, España es campeona mundial. El problema es que vida social activa y nivel educativo alto parecen estar reñidos. Ahí tenemos a Finlandia, líder económico con alta tasa de suicidios, y aquí estamos nosotros, con un ratio de suicidios bajo pero con una crisis que parece habernos cogido cariño.

miércoles, 23 de enero de 2013

Una vida junto a Pérez-Reverte

El primero fue Limpieza de sangre (1997). Mi padre suele leer en el baño y he crecido viendo un par de libros en la banqueta (¿se sigue diciendo banqueta?) que hay en mi casa junto al váter. Esos libros cambiaban cada tres o cuatro meses, tiempo en el que mi padre los devoraba mientras hacía aguas mayores, para ser sustituidos después por otros dos. No fue demasiado romántico, pero así empezó mi relación con Arturo Pérez-Reverte. Cagando. 

Tendría yo unos doce años cuando la llamada de la naturaleza me invitó a sentarme en el frío trono marca Roca (en invierno, mi casa de techos altos es imposible de calentar) y decidí echar un vistazo a uno de los libros mientras procedía a evacuar. Fue entonces cuando me topé por vez primera con el tal Arturo. Leí por leer un par de páginas y cuando finalicé mis funciones en el baño decidí llevarme el libro conmigo para ver hasta donde llegaba aquello. Por aquel entonces yo sólo leía Marca y As, nada de literatura. Pero Limpieza de sangre me encandiló. Era (y es) el segundo libro de la saga del Capitán Alatriste, y aún sin haber leído el primero, Íñigo de Balboa, Diego Alatriste y Francisco de Quevedo me cautivaron.



Por supuesto, cuando finalicé Limpieza de sangre corrí a leer el primer libro de la saga, que mi padre guarda con pulcritud en su despacho junto a muchos otros, y posteriormente continué con El sol de Breda (1998). Hoy estoy terminando El puente de los Asesinos (2012), último libro de la saga. El séptimo ya. 

Pero por suerte no me quedé en el binomio Pérez-Reverte/Alastriste. Una vez despachado El oro del rey (2000) dejé descansar la saga del Capitán por un tiempo y decidí comprobar si el fulano cuya manera de escribir tanto me absorbía le echaba también bemoles con otros libros. Volví al despacho de mi padre y cogí los dos tomos más finos. No quería expandirme mucho en mi juicio de valor sobre Pérez-Reverte y a decir verdad contaba con el prejuicio de que ese hombre sería un escritor de un solo personaje. Craso error. Me quedé boquiabierto con La sombra del águila (1993) y con Cabo Trafalgar (2004). Leí el primero en una tarde y el segundo en tres días. Lloré con los arrestos y el arrojo del capitán García en el primero. Me emocioné con el honor y el pundonor resignado de Carlos de la Rocha. Comencé a comprender cómo había sido España, grande y miserable a la vez, gracias a todos ellos. Por supuesto, el Capitán Alatriste ya me había enseñado que los españoles éramos excelentes siervos para deplorables señores. Pero la crudeza de estas dos pequeñas obras de artes me hizo apasionarme por la historia más que cualquier profesor.


De modo que decidí seguir. Con Coy, en La carta esférica (2000), Pérez Reverte me enseñó lo que es la mar, nociones básicas de pelea y grandes lecciones sobre la crueldad del hombre. La tabla de Flandes (1990) y La piel del tambor (1995) me cautivaron y me hicieron amar al ajedrez y a Sevilla respectivamente. Pero fue con La reina del sur (2002) con el libro con el que alcancé el orgasmo literario. A esas alturas había leído ya a muchos otros autores y sinceramente nunca me atrajeron los libros en los que una mujer era la protagonista. Con Teresa Mendoza cambié completamente de opinión. Pérez-Reverte plasmó lo valiosa que puede llegar a ser una mujer y me incitó a buscar una dama con arrojo, dulzura, mala leche, inteligencia y empatía. Por suerte, creo que la tengo.

Por supuesto, no todo lo que ha escrito este señor me ha flipado, no se vayan a creer. Tanto El maestro de esgrima (1988) como El pintor de batallas (2006) me decepcionaron, quizá por mis altas perspectivas una vez leídas las obras de arte que antes mencioné. Entiendo que ambos libros ayudasen en don Arturo a expresar cosas que llevaba tiempo queriendo soltar, y respeto que se decidiera a hacerlo. Puede que para él estos sean dos de los libros más satisfactorios a título personal. Pero yo leo para calmar mi alma, no para ver cómo se la calman otros.

Por suerte, Daoiz y Velarde entraron a navaja en mí con Un día de cólera (2007), y la cosa continuó más recientemente con El asedio (2010) gracias a un buen tipo como Pepe Lobo, bien acompañado por el inolvidable Ricardo Maraña, un hombre que resume todas las cualidades revertianas y que quizá sea mi personaje favorito de todos los que aquí menciono.


Comprobarán que nunca leí por orden cronológico, sino por el orden que me salía del forro cada vez que entraba al despacho de mi padre. De hecho, aún me queda por leer El húsar (1986) y El club Dumas (1993). Y por supuesto, el recién publicado El tango de la Guardia Vieja (2012), obsequio de mi Teresa Mendoza particular. 

A lo largo de mi vida he leído otros muchos autores y otros tantos libros. Muchos me han fascinado incluso más que cualquiera de los que he mencionado aquí. Pero Pérez Reverte ilustra una vida. Sus libros reflejan lo que soy, lo que quiero ser y lo que jamás llegaré a ser. Son páginas con sueños rotos, esperanzas frustradas, momentos mágicos y espíritu de lucha. Con ellos he buscado y encontrado a la gente que me ha rodeado durante toda mi vida. Y me voy a la cama satisfecho sabiendo que he conocido a mi Ricardo Maraña particular, mi Teresa Mendoza perfecta o mi capitán García ideal. Todo ello aliñado con valores como la lealtad, la resignación, o el empeño. Y sobre todo, con mucho apretar de dientes.

martes, 8 de enero de 2013

Información que desinforma

Los términos “periodismo” y “serio” no siempre van unidos. De hecho, en la España de pandereta en la que vivimos, y acogiéndonos a la corriente de crítica revertiana, el periodismo rara veces es serio. Eso por no hablar del periodismo mal llamado deportivo (como afirma Karina Kvasniova en Jot Down, debería calificarse "periodismo futbolístico"), en el que la seriedad, simplemente, no existe. 

El mejor ejemplo de esta falta total de rigor reinante en una de las profesiones más valiosas que existen es el de la malinterpretación estadística. Me lo enseñó Eduardo Bericat, uno de mis profesores en el máster de Comunicación Institucional y Política que tuve la oportunidad de cursar en la Facultad de Comunicación de Sevilla. Se trataba de un señor excéntrico, conocedor de la materia pero incapaz de transmitirla con claridad a los alumnos. No obstante, una de las mejores enseñanzas que me aportó fue la de que los periodistas de hoy en día son incapaces de analizar los datos procedentes un estudio.

Y es verdad. De hecho, ni yo ni probablemente la inmensa mayoría de mis compañeros de clase sabíamos hacerlo correctamente. Y resulta que esta simple enseñanza fue determinante de cara al Trabajo Fin de Máster sobre la Comunicación del Suicidio que realicé hace unos meses. Y explico porqué. 

Cuando un estudio ofrece datos por comunidades autónomas sobre un fenómeno, el que sea, el periodista, al divulgarlo, tiende a destacar qué comunidades se sitúan a la cabeza en el ránking de dicho estudio. Así, si se habla de número de ordenadores por estudiante, de cifras de parados o de enfermos de SIDA, se suele enunciar qué comunidades cuentan con mayor número de ordenadores, parados o enfermos de SIDA. Pero esto, que tan simple resulta, conlleva un error determinante, y lo explicaré aludiendo a mi trabajo sobre el suicidio. Cataluña y Andalucía son las comunidades autónomas que cuentan con mayor número de suicidios en España (685 y 418 respectivamente). Perfecto, eso es un hecho, pero no debería ser la noticia. Andalucía y Cataluña son las provincias más pobladas de España, y por lo tanto, es normal que se sitúen a la cabeza, no sólo en suicidios, sino también en número de universitarios, pensionistas, mascotas domésticas o en lo que se quiera.


Lo que el periodista debe hacer es adecuar las cifras a la densidad de población de cada comunidad autónoma para conocer así con exactitud qué zonas encabezan determinados fenómenos. Siguiendo este sencillo método, en mi caso, pude comprobar que Asturias y Galicia son las comunidades autónomas con mayor número de suicidios en relación al número de habitantes. Y es que importa poco el número total de suicidios en una zona si no se contrasta con la cifra total de población de dicho espacio geográfico.

Sin embargo, en el periodismo de hoy en día en el que la noticia rápida prima por encima de la información veraz, este tipo de ejercicios apenas se tienen en cuenta. Sin ir más lejos, en la radio escuché hace unos días como la locutora destacaba que Andalucía y Cataluña son las comunidades con mayor número de presos de España. Sin más. Es información, sí. Pero información que desinforma.

viernes, 28 de diciembre de 2012

La verdad sobre la sanidad pública en Madrid y Andalucía

En esta España dividida en la que vivimos las informaciones desde uno y otro bando sobrevuelan nuestra cabeza sin freno. A la enorme cantidad de textos que derecha e izquierda se lanzan mutuamente hay que sumar la falta de veracidad que muestran muchas de estas informaciones. El objetivo es dañar al contrario, y si para ello es necesario adecuar la realidad a determinados informes, no se duda. La lista de ejemplos de este tipo es interminable, tanto en un bando como en el otro. 

La última batalla que se ha librado en este campo de trincheras informativas ha tenido lugar con motivo de la sanidad pública. Mientras la izquierda política de nuestro país ataca a discreción a Madrid por el proceso de privatización que está llevando a cabo el PP con Ignacio González a la cabeza, desde la derecha se huye del término “privatización” como de la peste y se habla de externalización de los servicios sanitarios, término que no existe ni en la RAE.



En cualquier caso, políticos del entorno de José Antonio Griñán han sido los principales bombarderos contra Madrid, aprovechando la ocasión para presumir de un sistema sanitario 100% público en Andalucía. De hecho, el portavoz del Gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez, afirmaba hace unos días en el diario digital ELPLURAL lo siguiente: 

“No hay ni un solo hospital privado entre todos los que gestiona la Junta, ni uno solo, son públicos al 100% (…) no hay uno solo de los 47 hospitales públicos de Andalucía y de los más de 1.500 centros de salud que estén ni vayan a estar en esta situación. Todos son públicos, con gestión pública, personal público y atención pública (…) hay una actividad complementaria que se hace en el ámbito privado pero mediante la figura de los conciertos (…) en el presupuesto del 2013 sólo representará el 3,7% del montante de la Consejería de Salud”.
Estas declaraciones de Vázquez intentaban desacreditar las palabras de una componente del PP con las que se intentaba desviar la atención de su proceso de privatización (o externalización) de seis hospitales madrileños. La vicesecretaria de Organización, Electoral y Política Municipal del PP andaluz, Ana María Corredera, denunció hace unos días en la sede del PP andaluz el doble discurso del PSOE en este aspecto, tal y como reflejó Libertad Digital hace unos días. Corredera afirmó lo siguiente:
“El PSOE andaluz lleva años decantándose por la privatización de la sanidad a través de conciertos, externalización de servicios y la venta de acciones, por lo que Andalucía es una de las comunidades con más peso de lo privado en la sanidad (…) de los 88 hospitales que hay en Andalucía, sólo 29 son totalmente públicos, 17 son concertados y 42 son privados. La tasa de hospitales públicos por cada cien mil habitantes es de 0,56, lo que sitúa a Andalucía en el antepenúltimo puesto entre las comunidades autónomas y por debajo de la media nacional que es de 0,71”.
Ante tal disparidad de datos supuestamente oficiales, al ciudadano de a pie únicamente le resta volverse loco. ¿A quién creer? ¿Cómo es posible que ambas partes aseguren con tal rotundidad posiciones tan contrarias?. Con esta política de manipulación, lo que PP y PSOE buscan es que los afines a la derecha crean a unos y los partidarios de la izquierda se fíen de los otros, sin contrastar informaciones y desechando aquellos datos que sean contrarios a su ideología. Es decir, todo lo contrario a lo que una información veraz y objetiva debería buscar, que es convencer a base de argumentos y no de aseveraciones.

Como no me gusta lo que existe en España, ni en una cuadra ni en la otra, decidí moverme y buscar datos. Algunos lo llamarían “investigar”, pero esta acción requirió tan poco tiempo que no me atrevo ni a denominarlo de tal forma. Decidí acudir al Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, órgano dependiente de la Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo. Es decir, órgano dependiente de la Junta de Andalucía. La sorpresa fue mayúscula.

Según un estudio de los recursos sanitarios y salud de la población llevado a cabo por este organismo, en 2011 en Andalucía había 34 hospitales generales públicos (47%) y 38 privados (53%). Es decir, más de la mitad de los hospitales generales andaluces eran privados. En lo que respecta al número de camas instaladas en camas públicas y privadas, 17.530 camas pertenecen al primer tipo de servicio (82%), mientras que en el sector privado habría instaladas 3.927 camas (18%). Así, ,mientras que el numero de hospitales privados en Andalucía es enorme, el número de camas instaladas en cada uno de ellos es bastante bajo en relación al de los hospitales públicos.


Veamos ahora la situación en la Comunidad de Madrid. Hace un par de meses la web Acta Sanitaria se hizo eco de un estudio de DBK, empresa española especializada en la elaboración de estudios de análisis sectorial y de la competencia. En dicho estudio se especificaba que en la actualidad Madrid cuenta con 32 hospitales públicos (48%) y 34 privados (52%), con un total de 14.000 (74%) y 4.800 (26%) camas respectivamente. 

Así, a día de hoy las cifras entre ambas comunidades son bastante similares, tanto en número de hospitales privados y públicos como en cifra de camas disponibles en cada uno de ellos. Sin embargo, es preciso puntualizar que ante la inminente ola de privatización de la sanidad de la Comunidad de Madrid, las cifras de hospitales y camas en manos del sector privado aumentarán de manera considerable.

¿Qué podemos deducir con esto? Que mienten ambos. Que ni el PSOE dice la verdad al hablar de un sistema sanitario 100% público en Andalucía ni el PP es sincero al colocar a la comunidad autónoma que preside Griñán como la zona que más apuesta por la privatización en la sanidad. De modo que la única solución es creerse una pequeña parte de lo que dice cada uno. Aunque mi consejo es que no crean a ninguno.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La primera piedra hacia la correcta comunicación política del suicidio

No es la primera vez que trato en este blog el tema del suicidio, y si Rosa Díez está en lo cierto, tampoco será la última. A pesar del silencio mediático e informativo que impera en España alrededor de este tema, Rosa Díez rompió ayer este tabú en el Congreso de los Diputados. Son pocas las apariciones de este tipo que han tenido lugar en las Cortes, de hecho en el año y medio que llevo estudiando este tema sólo Gaspar Llamazares aludió a él al presentar diez preguntas al Ejecutivo sobre la situación del suicidio en España.

Resulta gratamente sorprendente encontrar medidas como la encabezada por UPyD. Rosa Díez hizo uso además de una oratoria en la que no sólo enunció verdades como puños, sino que además colocó la primera piedra sobre cómo debe ser la futura comunicación política del suicidio, hoy en día inexistente. Así, Díez anunció el acuerdo de todas las fuerzas políticas (algo sumamente inusual) para la redefinición de las estrategias de prevención del suicidio existentes en España. 



Más concretamente, se trata de una Proposición No de Ley, un tipo de iniciativa que tiene lugar en las Cortes y que muestra la intención mayoritaria de llevar a cabo una determinada acción, en este caso encaminada a la regulación de la prevención del suicidio. La Proposición en su totalidad se denomina Promoción dentro de la estrategia de Salud Mental de acciones para una redefinición de los objetivos y acciones de prevención del suicidio. 

Rosa Díez señaló que los datos e informaciones sobre este tema le han llegado gracias a la novela de una amiga suya, Beatriz Becerra, autora de una novela sobre el suicidio infantil titulada La estirpe de los niños infelices. Sorprende que la líder de uno de los cuatro partidos políticos más votados no tenga constancia de la gravedad del suicidio con anterioridad, lo que por otro lado explicaría por qué en su programa político de las pasadas elecciones generales de noviembre de 2012 su partido ni siquiera mencionó el tema del suicidio. La desinformación que existe sobre el suicidio, incluso en las más altas esferas, nos habla de lo oculto que ha estado, y sigue estando, este tema en nuestra sociedad.

La política vasca apuntó que el suicidio se mantiene como un tema tabú y respecto al mismo apuntó lo siguiente:

“Sólo tenemos datos oficiales (los del INE), que ocultan los datos reales (…) se habla poco públicamente y sobre todo políticamente porque nos da miedo abordar este tema, porque tememos las consecuencias (…) hemos roto invisibilidades como la violencia de género, el terrorismo o las enfermedades, pero no la del suicidio (…) como hemos dimensionados esos asuntos, hemos sido capaces de actuar para prevenirlos. Con el suicidio no sucede esto. No abordar el tema del suicidio nos ha llevado a la situación actual (...) el suicidio es el último tabú que queda en la democracia”.
Estas son algunas de las aseveraciones que hizo ayer Rosa Díez en el Congreso y que son completamente ciertas. El suicidio, a diferencia de los asesinatos, el terrorismo o la violencia de género se ha mantenido en el silencio desde hace más de 30 años, y por lo tanto es imposible que se hayan diseñado planes de prevención coherentes y eficientes en busca de la disminución de las cifras de mortalidad por esta causa. Aun así, Rosa Díez se olvida de mencionar que la cifra de muertos por accidentes de tráfico, problema que preocupa enormemente tanto a nivel mediático como político, son inferiores a los ratios de suicidios. Con ese dato sin duda habría hecho reflexionar a la totalidad del Congreso.

Por otro lado, es necesario subrayar que Rosa Díez habla de muertos por suicidio a nivel mundial. Hubiera sido más correcto que UPyD se hubiese referido a las cifras de nacionales, que serían mucho más aclaratorias (de hecho en este blog me he referido a ellas en más de una ocasión). Y es que a pesar de parecer muy rimbombantes, las cifras mundiales pueden dejarnos indiferentes. No impacta tanto saber que se suicida el número total de personas que se suicidad al año en todo el mundo como conocer que en España la cifra es de más de ocho personas al día.



Por último, tiene razón Rosa Díez cuando afirma que “no hay un acompañamiento social e institucional para el drama del suicidio, por eso las familiar callan. Se han hecho planes puntuales pero no conjuntamente ni globalmente. Hay en guardia civil, en hospitales o en comunidades autónomas, todas positivas, pero es necesario un plan conjunto y global”. Las familias se encuentran solas cuando un ser querido se suicida y tienden a ocultar el hecho debido a la escasa empatía y comprensión que existe en España respecto al tema del suicidio.

Ojalá esta Propuesta No de Ley se transforme en algo más concreto y se consiga coordinar con planes de prevención nacionales el papel de la educación, los centros sanitarios y los medios de comunicación, actores clave en este proceso. Pero los partidos no deben contentarse con esta Proposición. Se debe luchar en el seno de cada familia política por dar a conocer el problema del suicidio, empezando por reflejarlo en sus programas políticos y continuando con un seguimiento al número de víctimas que el Instituto Nacional de Estadística nos proporciona cada dos años.

Hay algo muy importante en el paso que ha dado UPyD. A partir de ahora, si los muertos por suicidio aumentan de manera considerable, los políticos deberán dar una respuesta a la población. Esto es lo bueno que tiene sacar el tema del suicidio a la palestra. De ahora en adelante el seguimiento del número de víctimas será mayor y por lo tanto podremos rendir cuentas ante el Congreso de los Diputados. Esperemos que, de darse esta hipotética situación, Rosa Díez siga mostrándose tan comprensiva en este tema como ahora.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Análisis de la tasa de suicidio en Grecia

Según anunció el Gobierno griego, 690 personas se suicidaron en el país heleno hasta agosto de 2012. Aunque este simple dato valdría para que muchos retuitearan sin parar, es preciso contextualizar para conocer si se trata de una cifra preocupante o si por el contrario se engloba dentro de la normalidad. 

En 2011 la cifra total de suicidios en Grecia ascendió a 927. Es decir, la cifra final de 2012 podría igualar a este dato y por lo tanto el número final de suicidios se estaría manteniendo de un año para otro. Sin embargo, lo verdaderamente preocupante llega ahora. En 2009 la cifra de suicidios alcanzó los 677. Vemos por lo tanto que en apenas un par de años las muertes voluntarias se incrementaron alrededor de un tercio en Grecia. Un 37% para ser más exactos. Se trata de un aumento impresionante que coincide con la fase más cruda de la crisis económica en el país heleno. 


No obstante, es necesario todavía determinar si la actual cifra de suicidios en Grecia es alta o baja en relación a la de otros países a pesar del terrible incremento que ha experimentado. Para empezar, hay que recordar que en España las cifras de suicidio superaron las 3.000 muertes en 2010. En Grecia esa cifra no alcanza el millar en 2011. Pero es preciso tener en cuenta la cantidad de habitantes en cada país para calcular así la tasa de suicidios. De este modo, en España, con más de 45 millones de habitantes, dicha tasa enuncia que alrededor de 6 personas de cada 100.000 habitantes se suicidó en 2010. En Grecia, cuya población que supera los 11 millones de habitantes, esta tasa se sitúa en 8,4 suicidios de cada 100.000 en 2011. De modo que la tasa de suicidios en Grecia en 2011, y presumiblemente en 2012, supera a la tasa de suicidios española de 2010 en dos puntos. 

También es necesario precisar que dicha tasa sigue siendo baja en relación a países como Francia, Japón, Corea del Sur o Cuba, en los que este ratio alcanza las 12 muertes por cada 100.000 habitantes. Los países de Europa del Este llegan incluso alcanzan incluso las 30 muertes de cada 100.000 habitantes. Por el contrario, no hay que olvidar que Grecia, como la mayoría de los países mediterráneos, históricamente ha gozado de tasas de suicidio muy bajas. De modo que hay que asumir que el incremento de la tasa de suicidios griega es muy preocupante aunque su ratio de suicidios sigue siendo bastante bajo en comparación con el resto de naciones de nuestro planeta.



Ante esto es preciso realizar dos aclaraciones. El primero de ellos es que no es la crisis económica la única culpable del aumento de la tasa de suicidios. Si bien es cierto que este incremento coincide en el tiempo con el alza de las tasas de suicidio en Grecia, la mala situación económica nunca puede ser el único factor que incite a quitarse la vida a un individuo puesto que un suicidio es un fenómeno multicausal en el que entran en juego multitud de condicionantes, desde el tratamiento que los medios de comunicación otorgan a este aspecto hasta los programas de prevención existentes.

El segundo punto en el que quiero hace énfasis es en la loable capacidad del Gobierno heleno para hacer frente al problema del suicidio difundiendo las cifras e intentando concienciar a la población de las preocupantes tasas de suicidios que se están alcanzando. En España, por el contrario, el suicidio es un tema tabú del que únicamente se habla cuando tiene lugar en circunstancias extraordinarias. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística (INE) aún no ha publicado los datos de muertes por suicidio de 2011, por lo que para hablar de cifras sobre este fenómeno en nuestro país debemos remontarnos a 2010. ¿Es posible que se esté retrasando la publicación de estos datos para no preocupar a la población con una cifra que es especialmente usada por la izquierda para atacar al Gobierno por sus medidas de austeridad? ¿Cabe la posibilidad de que el Gobierno conozca ya la cifra de suicidios de 2011 y de que el aumento que posiblemente se haya producido sea tan grande como para preferir demorar su publicación? Muchos pensarán que sí, y tendrán sus razones para desconfiar. Yo opino que no, y la razón es sencilla. Los datos de 2010 se publicaron en abril de 2012, es decir dos años y pico después, y en esa ocasión los suicidios descendieron  respecto a 2009. Según el INE, los datos de 2011 se van a publicar en abril de 2013, es decir el mismo espacio de tiempo después que en el caso anterior. De modo que, por una vez, y sin que valga de precedente, pensando mal no hemos acertado.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cuando rendirse no es una opción

La culpa fue de las matemáticas. Aún hoy lo sigo pensando. A veces por mi cabeza da vueltas la idea de que si hubiese tenido mejores profesores en esta asignatura, es posible, probablemente… ¿habría tomado otro camino? 

Obviamente también me atraían las letras. Y a pesar del sentimiento de oveja negra en una familia de ciencias, decidir matricularme en el bachiller de Sociales. Sufrí hasta la saciedad de nuevo con las dichosas matemáticas aplicadas, otra vez con un profesor que dejaba mucho que desear… De modo que decidí huir de los números a la hora de decidir a qué campo quería dedicar el resto de mi vida. Elegí el Periodismo.

“Buenas tardes, bienvenidos a la clase de Teoría de la Comunicación. Lo primero que quiero decirles es que se han equivocado de carrera…” Así me recibieron en la primera clase de mi primer día en la Facultad de Comunicación. Lejos de amedrentarme, persistí. Aprobé sin problemas y desde segundo de carrera no conocí la expresión “verano libre”. Trabajé cobrando una miseria e incluso trabajé gratis, siempre como becario o en prácticas.




Descubrir lo que era El País fue una de las cosas que me animaron a no desistir. Llegué a la facultad sin leer un periódico y salí de ella devorando cada día tanto El Mundo como El País. Pero para qué vamos a engañarnos, a mí me atraía mucho más El País. Los que nos definimos como “ni de derechas ni de izquierdas”, y a los que unos nos llaman fachas y otros rojos, solemos simpatizar con El País. Su historia, sus firmas, su modo de contar los acontecimientos, su aparente transparencia, su supuesto espíritu de compromiso. Es todo aquello que busca un estudiante de Periodismo que no traga a la extrema izquierda pero que jamás votará por el Partido Popular.

Sí, me fascinaba leer El País. De hecho me encantaba leerlo hasta hace un par de semanas. Pablo Ordaz, Enric González, Joaquín Estefanía, Soledad Gallego, Maruja Torres, José Yoldi, Santiago Carcar, Jesús Ceberio, Javier Marías, Mario Vargas Llosa, Ray Loriga, Rosa Montero, Almudena Grandes, David Torres, Ramón Besa… Formaban un equipo maravilloso. Muchos ya no están. Otros seguirán escribiendo para El País, pero ya no será lo mismo. O todos o ninguno. Además El País no puede seguir predicando una forma de hacer periodismo en la que se ha cagado directamente a través de un ERE demoledor basado en las mismas leyes rajoyanas que tantas veces ha criticado en sus páginas y editoriales.


No he mencionado a Ramón Lobo. Para mí algo más que un periodista. Un señor al que comencé a leer por casualidad en su inigualable blog Aguas Internacionales, al que seguí conociendo en su espacio web más personal, En la Boca del Lobo, y con cuyos artículos me deleitaba en las páginas de El País. Cuando comenzó toda esta tormenta del ERE, acusé por twitter al señor Lobo de no ser voraz en sus críticas contra un medio capaz de despedir a más de un centenar de profesionales. Me equivoqué. Dudé de la honorabilidad de un hombre de principios como él y me cerró la boca atacando a la yugular de los responsables un poco más tarde. Fue despedido junto a otros 128 trabajadores de El País.


Pero en otros espacios de prestigio como Jotdown le han acogido con los brazos abiertos. En esta revista Ramón Lobo escribía hace poco sobre lo sucedido, y no pude evitar emocionarme leyéndole cosas como estas: 

"Sin periodistas no hay Periodismo. Sin Periodismo no hay ciudadanía, ni crítica, ni democracia. Tampoco habrá beneficios. Ganarán los Wert, los poca cosa, los nada".
"Soy un número del ERE que afecta a 129 trabajadores de El País; solo somos parte de una limpieza étnica que ha liquidado a 8.400 periodistas en España desde 2008. Somos otra tribu, los sin trabajo, los sin red junto a casi seis millones de parados".
Y releyéndolo por enésima vez pego un puñetazo en la mesa con una mezcla de indignación y euforia. Yo también soy periodista, como Ramón Lobo. Yo también estoy en el paro, como Ramón Lobo. Y como Ramón Lobo, yo tampoco me voy a rendir. Porque como decía otro hombre de principios como Arturo Pérez Reverte, “ya que van a ganar los malos, al menos intentemos que les sangre la nariz”.