miércoles, 12 de diciembre de 2012

La primera piedra hacia la correcta comunicación política del suicidio

No es la primera vez que trato en este blog el tema del suicidio, y si Rosa Díez está en lo cierto, tampoco será la última. A pesar del silencio mediático e informativo que impera en España alrededor de este tema, Rosa Díez rompió ayer este tabú en el Congreso de los Diputados. Son pocas las apariciones de este tipo que han tenido lugar en las Cortes, de hecho en el año y medio que llevo estudiando este tema sólo Gaspar Llamazares aludió a él al presentar diez preguntas al Ejecutivo sobre la situación del suicidio en España.

Resulta gratamente sorprendente encontrar medidas como la encabezada por UPyD. Rosa Díez hizo uso además de una oratoria en la que no sólo enunció verdades como puños, sino que además colocó la primera piedra sobre cómo debe ser la futura comunicación política del suicidio, hoy en día inexistente. Así, Díez anunció el acuerdo de todas las fuerzas políticas (algo sumamente inusual) para la redefinición de las estrategias de prevención del suicidio existentes en España. 



Más concretamente, se trata de una Proposición No de Ley, un tipo de iniciativa que tiene lugar en las Cortes y que muestra la intención mayoritaria de llevar a cabo una determinada acción, en este caso encaminada a la regulación de la prevención del suicidio. La Proposición en su totalidad se denomina Promoción dentro de la estrategia de Salud Mental de acciones para una redefinición de los objetivos y acciones de prevención del suicidio

Rosa Díez señaló que los datos e informaciones sobre este tema le han llegado gracias a la novela de una amiga suya, Beatriz Becerra, autora de una novela sobre el suicidio infantil titulada La estirpe de los niños infelices. Sorprende que la líder de uno de los cuatro partidos políticos más votados no tenga constancia de la gravedad del suicidio con anterioridad, lo que por otro lado explicaría por qué en su programa político de las pasadas elecciones generales de noviembre de 2012 su partido ni siquiera mencionó el tema del suicidio. La desinformación que existe sobre el suicidio, incluso en las más altas esferas, nos habla de lo oculto que ha estado, y sigue estando, este tema en nuestra sociedad.

La política vasca apuntó que el suicidio se mantiene como un tema tabú y respecto al mismo apuntó lo siguiente:

“Sólo tenemos datos oficiales (los del INE), que ocultan los datos reales (…) se habla poco públicamente y sobre todo políticamente porque nos da miedo abordar este tema, porque tememos las consecuencias (…) hemos roto invisibilidades como la violencia de género, el terrorismo o las enfermedades, pero no la del suicidio (…) como hemos dimensionados esos asuntos, hemos sido capaces de actuar para prevenirlos. Con el suicidio no sucede esto. No abordar el tema del suicidio nos ha llevado a la situación actual (...) el suicidio es el último tabú que queda en la democracia”.
Estas son algunas de las aseveraciones que hizo ayer Rosa Díez en el Congreso y que son completamente ciertas. El suicidio, a diferencia de los asesinatos, el terrorismo o la violencia de género se ha mantenido en el silencio desde hace más de 30 años, y por lo tanto es imposible que se hayan diseñado planes de prevención coherentes y eficientes en busca de la disminución de las cifras de mortalidad por esta causa. Aun así, Rosa Díez se olvida de mencionar que la cifra de muertos por accidentes de tráfico, problema que preocupa enormemente tanto a nivel mediático como político, son inferiores a los ratios de suicidios. Con ese dato sin duda habría hecho reflexionar a la totalidad del Congreso.

Por otro lado, es necesario subrayar que Rosa Díez habla de muertos por suicidio a nivel mundial. Hubiera sido más correcto que UPyD se hubiese referido a las cifras de nacionales, que serían mucho más aclaratorias (de hecho en este blog me he referido a ellas en más de una ocasión). Y es que a pesar de parecer muy rimbombantes, las cifras mundiales pueden dejarnos indiferentes. No impacta tanto saber que se suicida el número total de personas que se suicidad al año en todo el mundo como conocer que en España la cifra es de más de ocho personas al día.



Por último, tiene razón Rosa Díez cuando afirma que “no hay un acompañamiento social e institucional para el drama del suicidio, por eso las familiar callan. Se han hecho planes puntuales pero no conjuntamente ni globalmente. Hay en guardia civil, en hospitales o en comunidades autónomas, todas positivas, pero es necesario un plan conjunto y global”. Las familias se encuentran solas cuando un ser querido se suicida y tienden a ocultar el hecho debido a la escasa empatía y comprensión que existe en España respecto al tema del suicidio.

Ojalá esta Propuesta No de Ley se transforme en algo más concreto y se consiga coordinar con planes de prevención nacionales el papel de la educación, los centros sanitarios y los medios de comunicación, actores clave en este proceso. Pero los partidos no deben contentarse con esta Proposición. Se debe luchar en el seno de cada familia política por dar a conocer el problema del suicidio, empezando por reflejarlo en sus programas políticos y continuando con un seguimiento al número de víctimas que el Instituto Nacional de Estadística nos proporciona cada dos años.

Hay algo muy importante en el paso que ha dado UPyD. A partir de ahora, si los muertos por suicidio aumentan de manera considerable, los políticos deberán dar una respuesta a la población. Esto es lo bueno que tiene sacar el tema del suicidio a la palestra. De ahora en adelante el seguimiento del número de víctimas será mayor y por lo tanto podremos rendir cuentas ante el Congreso de los Diputados. Esperemos que, de darse esta hipotética situación, Rosa Díez siga mostrándose tan comprensiva en este tema como ahora.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Análisis de la tasa de suicidio en Grecia

Según anunció el Gobierno griego, 690 personas se suicidaron en el país heleno hasta agosto de 2012. Aunque este simple dato valdría para que muchos retuitearan sin parar, es preciso contextualizar para conocer si se trata de una cifra preocupante o si por el contrario se engloba dentro de la normalidad. 

En 2011 la cifra total de suicidios en Grecia ascendió a 927. Es decir, la cifra final de 2012 podría igualar a este dato y por lo tanto el número final de suicidios se estaría manteniendo de un año para otro. Sin embargo, lo verdaderamente preocupante llega ahora. En 2009 la cifra de suicidios alcanzó los 677. Vemos por lo tanto que en apenas un par de años las muertes voluntarias se incrementaron alrededor de un tercio en Grecia. Un 37% para ser más exactos. Se trata de un aumento impresionante que coincide con la fase más cruda de la crisis económica en el país heleno. 


No obstante, es necesario todavía determinar si la actual cifra de suicidios en Grecia es alta o baja en relación a la de otros países a pesar del terrible incremento que ha experimentado. Para empezar, hay que recordar que en España las cifras de suicidio superaron las 3.000 muertes en 2010. En Grecia esa cifra no alcanza el millar en 2011. Pero es preciso tener en cuenta la cantidad de habitantes en cada país para calcular así la tasa de suicidios. De este modo, en España, con más de 45 millones de habitantes, dicha tasa enuncia que alrededor de 6 personas de cada 100.000 habitantes se suicidó en 2010. En Grecia, cuya población que supera los 11 millones de habitantes, esta tasa se sitúa en 8,4 suicidios de cada 100.000 en 2011. De modo que la tasa de suicidios en Grecia en 2011, y presumiblemente en 2012, supera a la tasa de suicidios española de 2010 en dos puntos. 

También es necesario precisar que dicha tasa sigue siendo baja en relación a países como Francia, Japón, Corea del Sur o Cuba, en los que este ratio alcanza las 12 muertes por cada 100.000 habitantes. Los países de Europa del Este llegan incluso alcanzan incluso las 30 muertes de cada 100.000 habitantes. Por el contrario, no hay que olvidar que Grecia, como la mayoría de los países mediterráneos, históricamente ha gozado de tasas de suicidio muy bajas. De modo que hay que asumir que el incremento de la tasa de suicidios griega es muy preocupante aunque su ratio de suicidios sigue siendo bastante bajo en comparación con el resto de naciones de nuestro planeta.



Ante esto es preciso realizar dos aclaraciones. El primero de ellos es que no es la crisis económica la única culpable del aumento de la tasa de suicidios. Si bien es cierto que este incremento coincide en el tiempo con el alza de las tasas de suicidio en Grecia, la mala situación económica nunca puede ser el único factor que incite a quitarse la vida a un individuo puesto que un suicidio es un fenómeno multicausal en el que entran en juego multitud de condicionantes, desde el tratamiento que los medios de comunicación otorgan a este aspecto hasta los programas de prevención existentes.

El segundo punto en el que quiero hace énfasis es en la loable capacidad del Gobierno heleno para hacer frente al problema del suicidio difundiendo las cifras e intentando concienciar a la población de las preocupantes tasas de suicidios que se están alcanzando. En España, por el contrario, el suicidio es un tema tabú del que únicamente se habla cuando tiene lugar en circunstancias extraordinarias. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística (INE) aún no ha publicado los datos de muertes por suicidio de 2011, por lo que para hablar de cifras sobre este fenómeno en nuestro país debemos remontarnos a 2010. ¿Es posible que se esté retrasando la publicación de estos datos para no preocupar a la población con una cifra que es especialmente usada por la izquierda para atacar al Gobierno por sus medidas de austeridad? ¿Cabe la posibilidad de que el Gobierno conozca ya la cifra de suicidios de 2011 y de que el aumento que posiblemente se haya producido sea tan grande como para preferir demorar su publicación? Muchos pensarán que sí, y tendrán sus razones para desconfiar. Yo opino que no, y la razón es sencilla. Los datos de 2010 se publicaron en abril de 2012, es decir dos años y pico después, y en esa ocasión los suicidios descendieron  respecto a 2009. Según el INE, los datos de 2011 se van a publicar en abril de 2013, es decir el mismo espacio de tiempo después que en el caso anterior. De modo que, por una vez, y sin que valga de precedente, pensando mal no hemos acertado.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cuando rendirse no es una opción

La culpa fue de las matemáticas. Aún hoy lo sigo pensando. A veces por mi cabeza da vueltas la idea de que si hubiese tenido mejores profesores en esta asignatura, es posible, probablemente… ¿habría tomado otro camino

Obviamente también me atraían las letras. Y a pesar del sentimiento de oveja negra en una familia de ciencias, decidir matricularme en el bachiller de Sociales. Sufrí hasta la saciedad de nuevo con las dichosas matemáticas aplicadas, otra vez con un profesor que dejaba mucho que desear… De modo que decidí huir de los números a la hora de decidir a qué campo quería dedicar el resto de mi vida. Elegí el Periodismo.

“Buenas tardes, bienvenidos a la clase de Teoría de la Comunicación. Lo primero que quiero decirles es que se han equivocado de carrera…” Así me recibieron en la primera clase de mi primer día en la Facultad de Comunicación. Lejos de amedrentarme, persistí. Aprobé sin problemas y desde segundo de carrera no conocí la expresión “verano libre”. Trabajé cobrando una miseria e incluso trabajé gratis, siempre como becario o en prácticas.




Descubrir lo que era El País fue una de las cosas que me animaron a no desistir. Llegué a la facultad sin leer un periódico y salí de ella devorando cada día tanto El Mundo como El País. Pero para qué vamos a engañarnos, a mí me atraía mucho más El País. Los que nos definimos como “ni de derechas ni de izquierdas”, y a los que unos nos llaman fachas y otros rojos, solemos simpatizar con El País. Su historia, sus firmas, su modo de contar los acontecimientos, su aparente transparencia, su supuesto espíritu de compromiso. Es todo aquello que busca un estudiante de Periodismo que no traga a la extrema izquierda pero que jamás votará por el Partido Popular.

Sí, me fascinaba leer El País. De hecho me encantaba leerlo hasta hace un par de semanas. Pablo Ordaz, Enric González, Joaquín Estefanía, Soledad Gallego, Maruja Torres, José Yoldi, Santiago Carcar, Jesús Ceberio, Javier Marías, Mario Vargas Llosa, Ray Loriga, Rosa Montero, Almudena Grandes, David Torres, Ramón Besa… Formaban un equipo maravilloso. Muchos ya no están. Otros seguirán escribiendo para El País, pero ya no será lo mismo. O todos o ninguno. Además El País no puede seguir predicando una forma de hacer periodismo en la que se ha cagado directamente a través de un ERE demoledor basado en las mismas leyes rajoyanas que tantas veces ha criticado en sus páginas y editoriales.


No he mencionado a Ramón Lobo. Para mí algo más que un periodista. Un señor al que comencé a leer por casualidad en su inigualable blog Aguas Internacionales, al que seguí conociendo en su espacio web más personal, En la Boca del Lobo, y con cuyos artículos me deleitaba en las páginas de El País. Cuando comenzó toda esta tormenta del ERE, acusé por twitter al señor Lobo de no ser voraz en sus críticas contra un medio capaz de despedir a más de un centenar de profesionales. Me equivoqué. Dudé de la honorabilidad de un hombre de principios como él y me cerró la boca atacando a la yugular de los responsables un poco más tarde. Fue despedido junto a otros 128 trabajadores de El País.


Pero en otros espacios de prestigio como Jotdown le han acogido con los brazos abiertos. En esta revista Ramón Lobo escribía hace poco sobre lo sucedido, y no pude evitar emocionarme leyéndole cosas como estas: 

"Sin periodistas no hay Periodismo. Sin Periodismo no hay ciudadanía, ni crítica, ni democracia. Tampoco habrá beneficios. Ganarán los Wert, los poca cosa, los nada".
"Soy un número del ERE que afecta a 129 trabajadores de El País; solo somos parte de una limpieza étnica que ha liquidado a 8.400 periodistas en España desde 2008. Somos otra tribu, los sin trabajo, los sin red junto a casi seis millones de parados".
Y releyéndolo por enésima vez pego un puñetazo en la mesa con una mezcla de indignación y euforia. Yo también soy periodista, como Ramón Lobo. Yo también estoy en el paro, como Ramón Lobo. Y como Ramón Lobo, yo tampoco me voy a rendir. Porque como decía otro hombre de principios como Arturo Pérez Reverte, “ya que van a ganar los malos, al menos intentemos que les sangre la nariz”.

martes, 13 de noviembre de 2012

Los desahucios y la comunicación del suicidio

Cada día se suicidan de media en España tres personas, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2010, último año en el que este organismo ofreció cifras. No existe ningún otro modo de conocer de manera certera el número de suicidios que tuvieron lugar en 2011 y 2012, por lo que es posible que actualmente esa cifra media sea algo más baja, ya que la tendencia de las tasas de suicidio en nuestro país tendía a disminuir en dicho año a pesar de encontrarnos en plena crisis. Por otro lado, también es aceptable la teoría de que este dato supera actualmente de manera apreciable los tres suicidios al día, debido a que la crisis se ha acentuado y las condiciones de vida son peores. Pronto el INE ofrecerá los datos de 2011 y saldremos de dudas. En cualquier caso hablamos de que alrededor de 3.000 personas se suicidan al año en España. 

Hace tiempo analicé estos datos y su comparación con los accidentes de tráfico en una entrada en este mismo blog titulada Suidicios Silenciosos, y también profundicé en dicho tema con mi Trabajo Fin de Máster sobre la Comunicación del suicidio en España por parte de los medios de comunicación y los partidos políticos entre 2011 y 2012. Sin embargo, desde hace unos días se ha añadido un nuevo factor al panorama que durante tanto tiempo me he dedicado a analizar. Los desahucios.



En el presente mes de noviembre los medios de comunicación se han hecho eco de varios casos de suicidio que presuntamente tenían relación con un inminente desahucio. En todas las radios, los periódicos, las televisiones y los portales de internet han aparecido informaciones que probablemente nos hayan hecho creer que los suicidios están aumentando de manera considerable y que los desahucios son la causa principal de los mismos. Pues bien, ambas ideas son falsas. Ni los suicidios se han disparado respecto al verano, por ejemplo, ni los desahucios son la única causa que los motiva. 

Como apunté anteriormente es probable que en 2012 los suicidios hayan aumentado respecto a la cifra que en 2010 tendía a la baja. Pero es falso que en noviembre la tasa de suicidios se haya elevado notablemente. De 2005 a 2010 noviembre nunca estuvo entre los seis meses con mayor tasa de suicidios del año, ya que normalmente el alza de muerte voluntarias en un año tiene lugar en los meses que se encuentran entre marzo y agosto. De modo que resulta altamente improbable que de la noche a la mañana un mes con cifras de suicidio históricamente bajas se sitúe a la cabeza de dicho ranking.

Por otro lado, en lo que respecta a la relación entre suicidio y desahucio, es preciso señalar que el suicidio es un fenómeno multifactorial en el que resulta muy difícil, cuando no imposible, determinar la causa exacta que lo ha produjo. Por supuesto, los casos que hemos vivido con dramatismo en los últimos días pueden haber estado relacionados en parte con esta causa, ya que las víctimas se veían condenadas a vivir en la calle. Pero la aparente causa principal de un suicidio casi nunca es ni la única ni la más importante motivación que ha incitado a una persona a quitarse la vida.
Resulta peligroso y muy arriesgado que los medios simplifiquen las causas del suicidio. El efecto contagio que se puede producir entre la población si las informaciones al respecto no cuentan con rigor, veracidad, exactitud y ética son impredecibles. Está claro que es positivo que el suicidio, un tema tan importante en cifras de muertos desde hace décadas, salga a la luz. Incluso Mariano Rajoy habló de ellos como “hechos dramáticos”, un hito en la comunicación política del suicidio en España. Sin embargo, cabe preguntarse si la forma en la que dicha comunicación se lleva a cabo está siendo la adecuada, tanto en los medios como en el plano político.

Una importancia excesiva, la situación de las noticias de suicidios en la portada de los periódicos y los telediarios, el sensacionalismo, los prejuicios, la difusión de datos e imágenes escabrosas o la simplificación de las causas que motivan tal fenómeno pueden provocar que los suicidios de este tipo aumenten de manera considerable, lo que propiciaría la reaparición del debate de si es correcto que los medios y los políticos traten este tema debido al mimetismo que pudiere producir (ver efecto Werther). Y la respuesta es que si la comunicación del suicidio se lleva a cabo de manera ética y veraz, los suicidios pueden llegar a reducirse. Sin embargo si persiste el tratamiento erróneo que hasta ahora se está produciendo en los medios, las tasas de suicidio se dispararán y la falsa teoría de que los medios no deben hablar de este tema se difundirá. De modo que es preciso profundizar en la comunicación del suicidio, pero teniendo en cuenta el modo en el que ésta se desarrolla.

martes, 6 de noviembre de 2012

Pérez Reverte, un tipo en extinción

Puede que a algunos les resulte difícil elegir, pero a mí me resulta sencillísimo. Prefiero que Arturo Pérez Reverte me muestre su forma de ser desde el primer momento (me guste o no me guste) a verme obligado a contemplar su verdadero yo cuando menos preparado esté para asimilarlo.

Y es que a nadie le debe sorprender que este caballero hable con franqueza cada domingo desde su columna en el XL Semanal y desde sus más de cuatro horas domingueras con las que nos deleita en twitter. Sobre todo con esto último. Pérez Reverte alegra la tarde a unos y se la agua a otros con sus tuits siempre sinceros (y si no, que se lo digan a Anasagasti). Puede que en ocasiones se pase de la raya y puede que en otras se cague directamente en dicha raya, pero lo que nunca hace Pérez Reverte es sobreactuar, eso que tanto le gusta hacer a políticos como Soraya Rodríguez, Esteban González Pons, Eduardo Zaplana o Pepiño Blanco (entre miles y miles más).



Entre balazos de la izquierda y la derecha. Entre gritos de rojo y fascista. En medio de esa batalla Pérez Reverte camina despacio mirando con desprecio a unos y a otros. Parándose sólo a hablar con aquellos que se desorientan entre tanta pantomima, en absoluto incitándoles a seguirle, sino invitándoles a pensar. Cada domingo los tuits de este sesentón nos recuerdan que sigue habiendo un espacio que no está dominado por ningún elemento del poder político económico. Puede de hecho que dicho poder se aproveche del discurso de Pérez Reverte para ejemplificar su total imparcialidad y alejamiento del trabajo de los medios. Puede que las ovejas negras como este señor sirvan para que el resto del rebaño piense que son libres aunque no lo sean. Y es que tampoco hay mal que por bien no venga.

Para los que hemos leído todos los libros y todos los artículos semanales de este cartaginés desde hace años, a veces nos resulta complicado juzgar sus actos. Es difícil evaluar qué ha hecho mal un hombre con el que te muestras de acuerdo a rabiar cada vez que lo lees. Su cabreada ironía refleja a la perfección lo que muchos vemos y no sabemos conformar con palabras. Su idea de España como una amante puta a la que tanto hemos querido y que tantas veces nos ha cagado en la cara que nos hace buscar en otras (Francia o Inglaterra son atractivas) lo que en ella no encontramos. Y aunque queramos soltarnos seguimos atados a España, tan sujetos por ella como sujetos a ella. Estas ideas conmueven y emocionan a aquellos que durante mucho tiempo llevamos sintiendo lo mismo sin darnos cuenta hasta que viene este señor y te lo escribe.



Juan Gómez Jurado explicaba a la perfección en una entrevista en Jot Down lo que es Pérez Reverte: 

Arturo es un genio. Es una de las principales plumas de este país, un grandísimo escritor, un gran periodista y una persona que ha construido un personaje que a mí me parece honesto. Es decir, un personaje en el que él mismo se ha acabado convirtiendo porque, como decía Oscar Wilde, “cuando llevas mucho tiempo puesta una máscara, la máscara acaba convirtiéndose en la cara”. Arturo no ha cambiado de forma de pensar desde que es Arturo. Entonces, entiendo que eso es una forma honesta de trolear. No lo hace por llamar la atención, sino porque él es así.
El gran Joaquín Sabina era más breve pero quizá más claro e incisivo al hablar sobre él en la misma revista:
Un gran tipo. No lo conozco personalmente. Me gustan sus Alatristes y también sus exabruptos y esas opiniones suyas dirigidas a mandar a tomar por el culo a casi todo el mundo.
Si en el mundo existiera más gente como este señor quizá no seríamos más felices, ni más solidarios, ni siquiera más eficientes. Pero estoy seguro de que nos convertiríamos en seres valientes, honestos y cultos, tres cualidades que bastarían para arreglar muchos elementos de esta ajironado mundo.

martes, 23 de octubre de 2012

Cómo alejar democracia y populismo

Hace una semana debatíamos aquí sobre lo sencillo que les resulta a muchos políticos usar el populismo en su beneficio con el objetivo de conseguir votos y perpetuarse en el poder. Hablábamos de que la solución a este fenómeno debería ser mejorar la calidad de la democracia y no tanto la cantidad o la frecuencia en la que pedimos opinión al pueblo. 

Podría parecer que consultar a la población todas aquellas cuestiones que el poder considere oportunas resulta beneficioso para la buena marcha de un sistema soberano. Y sería así si estas convocatorias no se llevaran a cabo de manera electoralista. Es decir, si los gobiernos buscasen la opinión del pueblo en aquellos temas que consideren trascendentes y no únicamente en los que les ayuden a reafirmarse en el poder. Y es que el principal problema de aumentar los referendos es el uso político que se podría  hacer de ellos.



Álvaro Uribe, expresidente colombiano, intentó consultar en un referéndum si la población estaba de acuerdo con que el presidente del país se pudiese presentar a las elecciones presidenciales tantas veces como quisiese. Esto, que parece muy democrático, es un arma de doble filo. Y es que si los votantes hubiesen concedido su deseo a Uribe, éste podría haberse perpetuado en el poder mientras consiguiese persuadir a la población de que no existe mejor candidato que él, algo que en países de sistemas democráticos tan débiles como los sudamericanos es factible y peligroso. Y así lo consideró el Constitucional colombiano, que evitó que se celebrase el referéndum ya que se podría alterar con ello el orden democrático. ¿Y si en el siguiente referéndum se les hubiese preguntado a los votantes sobre la posibilidad de que Uribe se mantuviese en el poder de por vida anulando las elecciones? El Estado debe poner límites a esto. 

Pero para que la nación pueda contar la autoridad necesaria para hacerlo es obligatorio que el colectivo que escoja a sus gobernantes tenga la capacidad de hacerlo. Que la población global de un país participe en la vida política diaria es un peligro enorme. Los defensores del “que vote todo el mundo todas las veces que sea necesario” se olvidan de lo que mueve el populismo y de que las masas pueden llegar a ser muy peligrosas para la propia democracia. ¿Alguien duda de que en un referéndum se pueda llegar a votar a favor de eliminar Congreso y Senado, dentro de un contexto de descontento social? Sin duda podría pasar. Y también que el paso siguiente sea que quién sustituya a ambas cámaras sea un caudillo. Un político con carisma que disfrace con democracia lo que en realidad sería dictadura.

Por ello llevo tiempo planteando que no todo el mundo debe votar. Los ciudadanos debemos tener la opción de poder votar, eso sí, pero esto no significa que todos tengamos que hacerlo. Así, y apoyándome en las teorías del incomprendido John Stuart Mill, a aquella gente que pase olímpicamente de la política no se le permitiría votar, ni tampoco a aquellas personas que reciben en su casa los programas políticos de los diversos partidos y ni los abren. Y mucho menos a la gente que cambia de canal y se cruza de acera cuando divisa a lo lejos cualquier tipo de información política

Mi propuesta es que antes de cada elección tenga lugar un pequeño y básico examen tipo test a cada votante potencial para que demuestre que domina de manera general los programas de los diversos partidos que se presentan. Si el ciudadano pasa esta prueba podrá votar, pero si no es así no tendrá derecho a asistir a las urnas el día de las elecciones. De este modo los partidos políticos se preocuparían mucho más en comunicar sus propuestas electorales para que todo el mundo las conociera, de tal forma que sería más difícil que no las cumpliesen una vez en el Gobierno, ya que si así fuese quedarían retratados. Y por supuesto los resultados electorales no se verían deformados por el voto de la gente que escoge a un candidato por inercia, por prejuicios o por desinformación.




Por supuesto se trata de una idea en la que aparecen muchos matices que perfeccionar y dudas que solventar, pero con ese formato mejoraríamos claramente la clase política de nuestro país, que pasaría a estar mucho más capacitada para gobernar. Una vez hecho eso podríamos comenzar a hablar de aumentar la frecuencia con la que la gente pueda ir a votar. Pero antes de mejorar cuantitativamente la democracia es necesario aumentar la calidad de la misma.

viernes, 12 de octubre de 2012

Tiempos de populismo

La RAE no contempla el término populismo en su última edición. Se trata de un hecho refutable que basta para corroborar que tal palabra es una burda invención política que sigue la principal premisa de este mundillo teatral y deshonesto; ganar elecciones. El populismo es un término tan peligroso como eficaz, como así nos intentó demostrar la historia por medio de Hitler o Mussolini. La RAE parece saberlo y decidió ignorar dicho término a pesar de que su misión debería ser la de reflejar lo que persiste en la sociedad, sin consideraciones subjetivas. Y objetivamente es innegable que el populismo es una realidad evidente en el mundo en el que vivimos, de modo que la RAE, muy a mi pesar, debería plantearse la posibilidad de incorporarlo a su futura vigésimo tercera edición, ya que se trata de una palabra de ardiente y desgraciada actualidad. 

Podemos definir populismo en política (posiblemente únicamente exista en política) como el conjunto de acciones encaminadas a conseguir el favor popular a sabiendas de que dichas acciones no son ni las más útiles, ni las más eficaces, ni las más coherentes. Puede incluso que esas propuestas rompan con la filosofía del partido político, sin embargo el hecho de que el resultado de las mismas pueda ser un aumento del número de votos justifica el uso de dichas acciones. Es decir, consiste en hacer lo que sea por conseguir el mayor número de votos posible, tomando decisiones a sabiendas de que están son del gusto de una gran parte de la población. Algunos de los casos más recientes y vergonzosos se están viviendo en Cataluña y en Galicia.



El de Artur Mas es un ejemplo en el que el nacionalismo está muy presente, y es que no existe elemento más útil para llenar de votos del mismo color las urnas que potenciar un sentimiento entre la población, señalar al agresor que impide la realización de la acción que motiva dicho sentimiento y prometer una serie de elementos pseudofactibles que compongan el camino hacia el objetivo marcado. Artur Mas ha llevado este proceso al extremo. Dos años después de ganar las elecciones ha vuelto a convocar unas nuevas para el próximo mes de noviembre con el objetivo de que los votantes no le penalicen por su mala gestión de la crisis, esgrimiendo la afilada espada del nacionalismo para atacar a España, según él la causante de la depresión económica en Cataluña. 

Mas puede conseguir así la mayoría absoluta que actualmente no tiene en una situación de crisis de la que evita asumir la responsabilidad y en la que, con otras circunstancias, perdería las elecciones de manera estrepitosa. Sin embargo, presentando las votaciones como una elección entre el sometimiento a España o la reivindicación de la libertad de Cataluña, el panorama electoral varía considerablemente y podría asegurarse así el gobierno de la Generalitat durante cuatro años más. Pérez Reverte explica a la maravilla este fenómeno domingo a domingo en twitter con su punzante y larriana ironía.


Feijoo realiza un proceso similar al que lleva a cabo Artur Mas, pero divergente al mismo. El presidente de la Xunta cuenta con la mayoría absoluta en la actualidad y aun así ha decidido convocar elecciones adelantadas. Su intención es la de defender su aparentemente buena gestión económica antes de que las cosas se pongan peor para su partido y, por arrastre, para él mismo. Así, si en las próximas elecciones gallegas el PP mantiene la mayoría absoluta, Feijoo se asegurará el gobierno de dicha comunidad autónoma por cuatro años más. En este caso y en el de Artur Mas los gobiernos de cuatro años se ampliarían simplemente por elegir el momento más indicado para consultar a la población quién desee que gobierne.


Así, ese populismo se alía con los peligros de la democracia para conseguir que una formación política se perpetúe en el poder. Chávez lo hizo en Venezuela, Uribe lo intentó en Colombia pero el poder judicial lo evitó, y David Cameron va a llevar a cabo algo parecido en Reino Unido al permitir un referéndum por la independencia de Escocia en la fecha y las circunstancias más adecuadas para que el NO se imponga.

La crisis prosigue su curso, la democracia se resiente y el populismo representa a los cañones que están acabando con ella. Y la solución no es más democracia, sino mejor democracia. Pero eso lo debatiremos en otro momento.