martes, 13 de noviembre de 2012

Los desahucios y la comunicación del suicidio

Cada día se suicidan de media en España tres personas, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2010, último año en el que este organismo ofreció cifras. No existe ningún otro modo de conocer de manera certera el número de suicidios que tuvieron lugar en 2011 y 2012, por lo que es posible que actualmente esa cifra media sea algo más baja, ya que la tendencia de las tasas de suicidio en nuestro país tendía a disminuir en dicho año a pesar de encontrarnos en plena crisis. Por otro lado, también es aceptable la teoría de que este dato supera actualmente de manera apreciable los tres suicidios al día, debido a que la crisis se ha acentuado y las condiciones de vida son peores. Pronto el INE ofrecerá los datos de 2011 y saldremos de dudas. En cualquier caso hablamos de que alrededor de 3.000 personas se suicidan al año en España. 

Hace tiempo analicé estos datos y su comparación con los accidentes de tráfico en una entrada en este mismo blog titulada Suidicios Silenciosos, y también profundicé en dicho tema con mi Trabajo Fin de Máster sobre la Comunicación del suicidio en España por parte de los medios de comunicación y los partidos políticos entre 2011 y 2012. Sin embargo, desde hace unos días se ha añadido un nuevo factor al panorama que durante tanto tiempo me he dedicado a analizar. Los desahucios.



En el presente mes de noviembre los medios de comunicación se han hecho eco de varios casos de suicidio que presuntamente tenían relación con un inminente desahucio. En todas las radios, los periódicos, las televisiones y los portales de internet han aparecido informaciones que probablemente nos hayan hecho creer que los suicidios están aumentando de manera considerable y que los desahucios son la causa principal de los mismos. Pues bien, ambas ideas son falsas. Ni los suicidios se han disparado respecto al verano, por ejemplo, ni los desahucios son la única causa que los motiva. 

Como apunté anteriormente es probable que en 2012 los suicidios hayan aumentado respecto a la cifra que en 2010 tendía a la baja. Pero es falso que en noviembre la tasa de suicidios se haya elevado notablemente. De 2005 a 2010 noviembre nunca estuvo entre los seis meses con mayor tasa de suicidios del año, ya que normalmente el alza de muerte voluntarias en un año tiene lugar en los meses que se encuentran entre marzo y agosto. De modo que resulta altamente improbable que de la noche a la mañana un mes con cifras de suicidio históricamente bajas se sitúe a la cabeza de dicho ranking.

Por otro lado, en lo que respecta a la relación entre suicidio y desahucio, es preciso señalar que el suicidio es un fenómeno multifactorial en el que resulta muy difícil, cuando no imposible, determinar la causa exacta que lo ha produjo. Por supuesto, los casos que hemos vivido con dramatismo en los últimos días pueden haber estado relacionados en parte con esta causa, ya que las víctimas se veían condenadas a vivir en la calle. Pero la aparente causa principal de un suicidio casi nunca es ni la única ni la más importante motivación que ha incitado a una persona a quitarse la vida.
Resulta peligroso y muy arriesgado que los medios simplifiquen las causas del suicidio. El efecto contagio que se puede producir entre la población si las informaciones al respecto no cuentan con rigor, veracidad, exactitud y ética son impredecibles. Está claro que es positivo que el suicidio, un tema tan importante en cifras de muertos desde hace décadas, salga a la luz. Incluso Mariano Rajoy habló de ellos como “hechos dramáticos”, un hito en la comunicación política del suicidio en España. Sin embargo, cabe preguntarse si la forma en la que dicha comunicación se lleva a cabo está siendo la adecuada, tanto en los medios como en el plano político.

Una importancia excesiva, la situación de las noticias de suicidios en la portada de los periódicos y los telediarios, el sensacionalismo, los prejuicios, la difusión de datos e imágenes escabrosas o la simplificación de las causas que motivan tal fenómeno pueden provocar que los suicidios de este tipo aumenten de manera considerable, lo que propiciaría la reaparición del debate de si es correcto que los medios y los políticos traten este tema debido al mimetismo que pudiere producir (ver efecto Werther). Y la respuesta es que si la comunicación del suicidio se lleva a cabo de manera ética y veraz, los suicidios pueden llegar a reducirse. Sin embargo si persiste el tratamiento erróneo que hasta ahora se está produciendo en los medios, las tasas de suicidio se dispararán y la falsa teoría de que los medios no deben hablar de este tema se difundirá. De modo que es preciso profundizar en la comunicación del suicidio, pero teniendo en cuenta el modo en el que ésta se desarrolla.

martes, 6 de noviembre de 2012

Pérez Reverte, un tipo en extinción

Puede que a algunos les resulte difícil elegir, pero a mí me resulta sencillísimo. Prefiero que Arturo Pérez Reverte me muestre su forma de ser desde el primer momento (me guste o no me guste) a verme obligado a contemplar su verdadero yo cuando menos preparado esté para asimilarlo.

Y es que a nadie le debe sorprender que este caballero hable con franqueza cada domingo desde su columna en el XL Semanal y desde sus más de cuatro horas domingueras con las que nos deleita en twitter. Sobre todo con esto último. Pérez Reverte alegra la tarde a unos y se la agua a otros con sus tuits siempre sinceros (y si no, que se lo digan a Anasagasti). Puede que en ocasiones se pase de la raya y puede que en otras se cague directamente en dicha raya, pero lo que nunca hace Pérez Reverte es sobreactuar, eso que tanto le gusta hacer a políticos como Soraya Rodríguez, Esteban González Pons, Eduardo Zaplana o Pepiño Blanco (entre miles y miles más).



Entre balazos de la izquierda y la derecha. Entre gritos de rojo y fascista. En medio de esa batalla Pérez Reverte camina despacio mirando con desprecio a unos y a otros. Parándose sólo a hablar con aquellos que se desorientan entre tanta pantomima, en absoluto incitándoles a seguirle, sino invitándoles a pensar. Cada domingo los tuits de este sesentón nos recuerdan que sigue habiendo un espacio que no está dominado por ningún elemento del poder político económico. Puede de hecho que dicho poder se aproveche del discurso de Pérez Reverte para ejemplificar su total imparcialidad y alejamiento del trabajo de los medios. Puede que las ovejas negras como este señor sirvan para que el resto del rebaño piense que son libres aunque no lo sean. Y es que tampoco hay mal que por bien no venga.

Para los que hemos leído todos los libros y todos los artículos semanales de este cartaginés desde hace años, a veces nos resulta complicado juzgar sus actos. Es difícil evaluar qué ha hecho mal un hombre con el que te muestras de acuerdo a rabiar cada vez que lo lees. Su cabreada ironía refleja a la perfección lo que muchos vemos y no sabemos conformar con palabras. Su idea de España como una amante puta a la que tanto hemos querido y que tantas veces nos ha cagado en la cara que nos hace buscar en otras (Francia o Inglaterra son atractivas) lo que en ella no encontramos. Y aunque queramos soltarnos seguimos atados a España, tan sujetos por ella como sujetos a ella. Estas ideas conmueven y emocionan a aquellos que durante mucho tiempo llevamos sintiendo lo mismo sin darnos cuenta hasta que viene este señor y te lo escribe.



Juan Gómez Jurado explicaba a la perfección en una entrevista en Jot Down lo que es Pérez Reverte: 

Arturo es un genio. Es una de las principales plumas de este país, un grandísimo escritor, un gran periodista y una persona que ha construido un personaje que a mí me parece honesto. Es decir, un personaje en el que él mismo se ha acabado convirtiendo porque, como decía Oscar Wilde, “cuando llevas mucho tiempo puesta una máscara, la máscara acaba convirtiéndose en la cara”. Arturo no ha cambiado de forma de pensar desde que es Arturo. Entonces, entiendo que eso es una forma honesta de trolear. No lo hace por llamar la atención, sino porque él es así.
El gran Joaquín Sabina era más breve pero quizá más claro e incisivo al hablar sobre él en la misma revista:
Un gran tipo. No lo conozco personalmente. Me gustan sus Alatristes y también sus exabruptos y esas opiniones suyas dirigidas a mandar a tomar por el culo a casi todo el mundo.
Si en el mundo existiera más gente como este señor quizá no seríamos más felices, ni más solidarios, ni siquiera más eficientes. Pero estoy seguro de que nos convertiríamos en seres valientes, honestos y cultos, tres cualidades que bastarían para arreglar muchos elementos de esta ajironado mundo.

martes, 23 de octubre de 2012

Cómo alejar democracia y populismo

Hace una semana debatíamos aquí sobre lo sencillo que les resulta a muchos políticos usar el populismo en su beneficio con el objetivo de conseguir votos y perpetuarse en el poder. Hablábamos de que la solución a este fenómeno debería ser mejorar la calidad de la democracia y no tanto la cantidad o la frecuencia en la que pedimos opinión al pueblo. 

Podría parecer que consultar a la población todas aquellas cuestiones que el poder considere oportunas resulta beneficioso para la buena marcha de un sistema soberano. Y sería así si estas convocatorias no se llevaran a cabo de manera electoralista. Es decir, si los gobiernos buscasen la opinión del pueblo en aquellos temas que consideren trascendentes y no únicamente en los que les ayuden a reafirmarse en el poder. Y es que el principal problema de aumentar los referendos es el uso político que se podría  hacer de ellos.



Álvaro Uribe, expresidente colombiano, intentó consultar en un referéndum si la población estaba de acuerdo con que el presidente del país se pudiese presentar a las elecciones presidenciales tantas veces como quisiese. Esto, que parece muy democrático, es un arma de doble filo. Y es que si los votantes hubiesen concedido su deseo a Uribe, éste podría haberse perpetuado en el poder mientras consiguiese persuadir a la población de que no existe mejor candidato que él, algo que en países de sistemas democráticos tan débiles como los sudamericanos es factible y peligroso. Y así lo consideró el Constitucional colombiano, que evitó que se celebrase el referéndum ya que se podría alterar con ello el orden democrático. ¿Y si en el siguiente referéndum se les hubiese preguntado a los votantes sobre la posibilidad de que Uribe se mantuviese en el poder de por vida anulando las elecciones? El Estado debe poner límites a esto. 

Pero para que la nación pueda contar la autoridad necesaria para hacerlo es obligatorio que el colectivo que escoja a sus gobernantes tenga la capacidad de hacerlo. Que la población global de un país participe en la vida política diaria es un peligro enorme. Los defensores del “que vote todo el mundo todas las veces que sea necesario” se olvidan de lo que mueve el populismo y de que las masas pueden llegar a ser muy peligrosas para la propia democracia. ¿Alguien duda de que en un referéndum se pueda llegar a votar a favor de eliminar Congreso y Senado, dentro de un contexto de descontento social? Sin duda podría pasar. Y también que el paso siguiente sea que quién sustituya a ambas cámaras sea un caudillo. Un político con carisma que disfrace con democracia lo que en realidad sería dictadura.

Por ello llevo tiempo planteando que no todo el mundo debe votar. Los ciudadanos debemos tener la opción de poder votar, eso sí, pero esto no significa que todos tengamos que hacerlo. Así, y apoyándome en las teorías del incomprendido John Stuart Mill, a aquella gente que pase olímpicamente de la política no se le permitiría votar, ni tampoco a aquellas personas que reciben en su casa los programas políticos de los diversos partidos y ni los abren. Y mucho menos a la gente que cambia de canal y se cruza de acera cuando divisa a lo lejos cualquier tipo de información política. 

Mi propuesta es que antes de cada elección tenga lugar un pequeño y básico examen tipo test a cada votante potencial para que demuestre que domina de manera general los programas de los diversos partidos que se presentan. Si el ciudadano pasa esta prueba podrá votar, pero si no es así no tendrá derecho a asistir a las urnas el día de las elecciones. De este modo los partidos políticos se preocuparían mucho más en comunicar sus propuestas electorales para que todo el mundo las conociera, de tal forma que sería más difícil que no las cumpliesen una vez en el Gobierno, ya que si así fuese quedarían retratados. Y por supuesto los resultados electorales no se verían deformados por el voto de la gente que escoge a un candidato por inercia, por prejuicios o por desinformación.




Por supuesto se trata de una idea en la que aparecen muchos matices que perfeccionar y dudas que solventar, pero con ese formato mejoraríamos claramente la clase política de nuestro país, que pasaría a estar mucho más capacitada para gobernar. Una vez hecho eso podríamos comenzar a hablar de aumentar la frecuencia con la que la gente pueda ir a votar. Pero antes de mejorar cuantitativamente la democracia es necesario aumentar la calidad de la misma.

viernes, 12 de octubre de 2012

Tiempos de populismo

La RAE no contempla el término populismo en su última edición. Se trata de un hecho refutable que basta para corroborar que tal palabra es una burda invención política que sigue la principal premisa de este mundillo teatral y deshonesto; ganar elecciones. El populismo es un término tan peligroso como eficaz, como así nos intentó demostrar la historia por medio de Hitler o Mussolini. La RAE parece saberlo y decidió ignorar dicho término a pesar de que su misión debería ser la de reflejar lo que persiste en la sociedad, sin consideraciones subjetivas. Y objetivamente es innegable que el populismo es una realidad evidente en el mundo en el que vivimos, de modo que la RAE, muy a mi pesar, debería plantearse la posibilidad de incorporarlo a su futura vigésimo tercera edición, ya que se trata de una palabra de ardiente y desgraciada actualidad. 

Podemos definir populismo en política (posiblemente únicamente exista en política) como el conjunto de acciones encaminadas a conseguir el favor popular a sabiendas de que dichas acciones no son ni las más útiles, ni las más eficaces, ni las más coherentes. Puede incluso que esas propuestas rompan con la filosofía del partido político, sin embargo el hecho de que el resultado de las mismas pueda ser un aumento del número de votos justifica el uso de dichas acciones. Es decir, consiste en hacer lo que sea por conseguir el mayor número de votos posible, tomando decisiones a sabiendas de que están son del gusto de una gran parte de la población. Algunos de los casos más recientes y vergonzosos se están viviendo en Cataluña y en Galicia.



El de Artur Mas es un ejemplo en el que el nacionalismo está muy presente, y es que no existe elemento más útil para llenar de votos del mismo color las urnas que potenciar un sentimiento entre la población, señalar al agresor que impide la realización de la acción que motiva dicho sentimiento y prometer una serie de elementos pseudofactibles que compongan el camino hacia el objetivo marcado. Artur Mas ha llevado este proceso al extremo. Dos años después de ganar las elecciones ha vuelto a convocar unas nuevas para el próximo mes de noviembre con el objetivo de que los votantes no le penalicen por su mala gestión de la crisis, esgrimiendo la afilada espada del nacionalismo para atacar a España, según él la causante de la depresión económica en Cataluña. 

Mas puede conseguir así la mayoría absoluta que actualmente no tiene en una situación de crisis de la que evita asumir la responsabilidad y en la que, con otras circunstancias, perdería las elecciones de manera estrepitosa. Sin embargo, presentando las votaciones como una elección entre el sometimiento a España o la reivindicación de la libertad de Cataluña, el panorama electoral varía considerablemente y podría asegurarse así el gobierno de la Generalitat durante cuatro años más. Pérez Reverte explica a la maravilla este fenómeno domingo a domingo en twitter con su punzante y larriana ironía.


Feijoo realiza un proceso similar al que lleva a cabo Artur Mas, pero divergente al mismo. El presidente de la Xunta cuenta con la mayoría absoluta en la actualidad y aun así ha decidido convocar elecciones adelantadas. Su intención es la de defender su aparentemente buena gestión económica antes de que las cosas se pongan peor para su partido y, por arrastre, para él mismo. Así, si en las próximas elecciones gallegas el PP mantiene la mayoría absoluta, Feijoo se asegurará el gobierno de dicha comunidad autónoma por cuatro años más. En este caso y en el de Artur Mas los gobiernos de cuatro años se ampliarían simplemente por elegir el momento más indicado para consultar a la población quién desee que gobierne.


Así, ese populismo se alía con los peligros de la democracia para conseguir que una formación política se perpetúe en el poder. Chávez lo hizo en Venezuela, Uribe lo intentó en Colombia pero el poder judicial lo evitó, y David Cameron va a llevar a cabo algo parecido en Reino Unido al permitir un referéndum por la independencia de Escocia en la fecha y las circunstancias más adecuadas para que el NO se imponga.

La crisis prosigue su curso, la democracia se resiente y el populismo representa a los cañones que están acabando con ella. Y la solución no es más democracia, sino mejor democracia. Pero eso lo debatiremos en otro momento.

sábado, 7 de julio de 2012

La pataleta de López Obrador

No me gusta que Peña Nieto sea el nuevo presidente de México. No me gusta en absoluto. En este mismo blog escribí hace unos meses que un hombre como él debería estar desterrado del teatro político. Su incultura y su imagen artíficial me hacen pensar, como a mucha gente, que se trata de un muñeco colocado en primera línea para satisfacer oscuros intereses empresariales, entre ellos los de Televisa.


La telegenia ha llevado a Peña Nieto a la presidencia. Y por supuesto, este es un elemento que debe controlar cualquier candidato político. El problema empieza cuando dicha cualidad es llevada al extremo y no se complementa con ninguna otra virtud. El nuevo presidente de México es guapo, correcto e intenta ser educado aunque a veces no lo consigue. Conoce sus defectos y se pone a la defensiva cuando alguien los explota, mostrando una altivez que no me gusta un pelo.

Sin embargo la situación política, económica y social que vive México ha provocado que la población busque ante todo la seguridad. Y por supuesto, Peña Nieto promete que esa será su máxima. Se puso el traje de pragmático y prometió resultados a sus votantes. Resultados palpables, según él. Para ello renegó de las malas prácticas que tuvo el PRI (su partido) en el pasado (gobernó durante más de 70 años y fue acusado de emplear herramientas dictatoriales) al mismo tiempo que se cobijaba bajo la grandeza de su partido argumentando que sólo una estructura tan grande y poderosa como el PRI podría devolver la tranquilidad a México.


Así, muchos meses antes de las elecciones Peña Nieto partía con una ventaja aparentemente insalvable sobre sus perseguidores, Josefina Vázquez Mota del PAN por un lado y Andrés Manuel López Obrador del PRD por el otro. Especial atención requiere este último, hombre culto, experimentado, con buen verso e interesantes ideas políticas. Partía en tercer lugar en las encuestas y sin embargo consiguió adelantar por la derecha a Vázquez Mota para colocarse cerca de Peña Nieto en el sprint final. Pero le fue imposible alcanzar al gran favorito.

Nada que reprochar a López Obrador, por lo tanto, excepto dos cosas. La primera de ellas es que durante la campaña usó todas sus energías en sacar la mayor distancia posible a la candidata del PAN, olvidando que debía atacar a Peña Nieto. He echado de menos a un López Obrador que dejase en ridículo al actual presidente durante los debates electorales. Su verso habría destrozado el discurso preconcebido del candidato priísta. La segunda cosa que López Obrador no puede permitir es dejarse llevar por el dolor de la derrota, poner en duda la democracia en México (siempre muy cuestionada) y desestabilizar a un país que necesita reforzar la confianza en las instituciones cuanto antes.


La pataleta de López Obrador ha manchado su imagen y le perjudicará gravemente de cara a su papel en la oposición, que junto al PAN debe ser básico para evitar que Peña Nieto se propase. Si Peña Nieto resulta ser quien parece ser, un instrumento en manos de las grandes empresas mexicanas, y con el PAN de travesía por el desierto, López Obrador debe ser el único que verdaderamente defienda las peticiones del pueblo. Así que déjese de pataletas, don Andrés Manuel, y use la cabeza.

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Twitter sí o twitter no?


El twitter sin duda es una herramienta de vital importancia en el día a día de muchas empresas y partidos políticos. Son muchas las asociaciones que han decidido crear una cuenta en esta plataforma con la intención de ampliar su campo de acción y difundir su mensaje de forma más sencilla y eficaz. El campo de acción de cualquier ente se amplía inmediatamente con twitter.

Aun así parece claro que no todas las empresas tienen por qué tenerlo. Algunas, porque sus actividades no necesitan repercusión en la sociedad. Otras, porque no pueden actualizarlo diariamente. Y si un twitter (así como un blog o una página de Facebook) no va a ser cuidado de manera asidua, la mejor decisión que se puede tomar es eliminarlo. No existe nada más perjudicial para una institución que un espacio web descuidado y olvidado.

En el campo de la política este aspecto tiene más miga. Hoy en día son pocos los partidos o los políticos de renombre que no cuentan con esta herramienta de manera activa dentro de su plan de comunicación. Otro debate sería si se usa de manera correcta.

El caso es que existen estudiosos de la comunicación política que ponen en duda el beneficio que el twitter puede reportar a este tipo de organizaciones. Luis Arroyo, por ejemplo, ofrece en su blog Todo lo que hay que saber sobre comunicación política una lista de diez razones por las que un partido político no debería depositar en twitter sus esperanzas.

Enrique Dans se une a esta crítica, pero sólo en aquellos casos en los que se hace un uso negligente de esta plataforma. Así por ejemplo censura completamente a los políticos que pagan a un ejército de twitteros para conseguir autobombo. No da nombres, pero nos imaginamos por dónde pueden ir los tiros.

Otros muchos estudiosos, como Gutiérrez Rubí, lo que critican es el escaso partido que le sacan al twitter las diversas formaciones política. Rubí considera que el twitter será una pieza clave en el futuro de la comunicación política, razón por la cual cree que tanto las empresas como los partidos políticos deben luchar a muerte por encontrar buenos community managers que luchen por posicionar a su empresa lo mejor posible dentro del espectro comunicativo digital.


Son varias y muy distintas teorías. Lo que a día de hoy está claro es que el twitter tiene una incidencia social potente así como una transcendencia mediática considerable, respaldada por los medios tradicionales, que se hacen eco de lo que se “cuece” en este espacio. Por ello, aunque no  conozcamos el futuro de twitter, sí que sabemos de su presente. Y mi madre decía que más vale prevenir que curar, sobre todo si después de comernos el melón queremos evitar a toda costa cagar las pepitas.

Así que apuesten por profesionales de la comunicación para manejar sus redes sociales, señores políticos y empresarios. A día de hoy, parece lo más inteligente.

lunes, 23 de abril de 2012

La peculiar forma de comunicación de Diego Valderas

Diego Valderas ha conseguido uno de los mayores éxitos de toda su carrera política. Los 12 escaños que alcanzó en las pasadas elecciones autonómicas en Andalucía dan a IU la llave para formar el nuevo Ejecutivo.

Presumiblemente, Valderas pactará con el PSOE, ya sea para que Griñán sea investido (con la condición de influir de manera notable en la gobernabilidad de Andalucía) o bien mediante un pacto de Gobierno con el que IU podría conseguir varias consejerías así como bastante poder. No obstante, esta última opción recordaría bastante a sus electores a la llamada “pinza” con la que IU y PSOE llegaron al poder en 1996 y que tan malos resultados trajo consigo después para el partido de Valderas.




Lo que parece completamente descartado es un pacto IU-PP, aunque a la hora de explicar las razones, los argumentos se queden cojos. IU lleva años quejándose de que PP y PSOE son lo mismo, y sin embargo a la hora de pactar se niega tajantemente a hacerlo con los populares (salvo en multitud de ayuntamientos y en Extremadura). “El agua y el aceite no se pueden mezclar”, dijo Valderas al respecto.

Y es que el coordinador de IU en Andalucía es así, un hombre natural, una persona real. Se le nota tanto cuando habla por twitter mencionando a Rappel como en pleno Parlamento de Andalucía. El vídeo en el que aparece descuajeringándose de risa en un Pleno refleja a este hombre, cuya actitud campechana de Valderas es tan sincera que en ocasiones puede jugarle una mala pasada, como un día antes de las elecciones, cuando se refirió a una componente del PP como “la de las tetas gordas”, hecho que por otro lado ha recibido escasa o nula repercusión por parte de los medios de comunicación andaluces, en su mayoría posiblemente interesados en no dejar mal a IU ante la importancia de un pacto entre esta formación y el PSOE para perpetuar al partido de Griñán en el Gobierno y continuar así con una serie de favores que posiblemente los responsables de muchos periódicos, radios y televisiones tengan en esta comunidad autónoma. Más vale PSOE en mano que PP volando.






El caso es que los responsables de Comunicación del partido deben estar temblando con Valderas, hombre poco dado al control y al teatro que conforma la esfera política. Habrá que ver si consigue ser tan fiel a sus principios cuando entre en el Gobierno, y si consigue llevar a cabo un papel activo y provechoso para una región que necesita un cambio. Y lo que parece claro es que Griñán por sí solo no se lo va a dar.