viernes, 28 de diciembre de 2012

La verdad sobre la sanidad pública en Madrid y Andalucía

En esta España dividida en la que vivimos las informaciones desde uno y otro bando sobrevuelan nuestra cabeza sin freno. A la enorme cantidad de textos que derecha e izquierda se lanzan mutuamente hay que sumar la falta de veracidad que muestran muchas de estas informaciones. El objetivo es dañar al contrario, y si para ello es necesario adecuar la realidad a determinados informes, no se duda. La lista de ejemplos de este tipo es interminable, tanto en un bando como en el otro. 

La última batalla que se ha librado en este campo de trincheras informativas ha tenido lugar con motivo de la sanidad pública. Mientras la izquierda política de nuestro país ataca a discreción a Madrid por el proceso de privatización que está llevando a cabo el PP con Ignacio González a la cabeza, desde la derecha se huye del término “privatización” como de la peste y se habla de externalización de los servicios sanitarios, término que no existe ni en la RAE.



En cualquier caso, políticos del entorno de José Antonio Griñán han sido los principales bombarderos contra Madrid, aprovechando la ocasión para presumir de un sistema sanitario 100% público en Andalucía. De hecho, el portavoz del Gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez, afirmaba hace unos días en el diario digital ELPLURAL lo siguiente: 

“No hay ni un solo hospital privado entre todos los que gestiona la Junta, ni uno solo, son públicos al 100% (…) no hay uno solo de los 47 hospitales públicos de Andalucía y de los más de 1.500 centros de salud que estén ni vayan a estar en esta situación. Todos son públicos, con gestión pública, personal público y atención pública (…) hay una actividad complementaria que se hace en el ámbito privado pero mediante la figura de los conciertos (…) en el presupuesto del 2013 sólo representará el 3,7% del montante de la Consejería de Salud”.
Estas declaraciones de Vázquez intentaban desacreditar las palabras de una componente del PP con las que se intentaba desviar la atención de su proceso de privatización (o externalización) de seis hospitales madrileños. La vicesecretaria de Organización, Electoral y Política Municipal del PP andaluz, Ana María Corredera, denunció hace unos días en la sede del PP andaluz el doble discurso del PSOE en este aspecto, tal y como reflejó Libertad Digital hace unos días. Corredera afirmó lo siguiente:
“El PSOE andaluz lleva años decantándose por la privatización de la sanidad a través de conciertos, externalización de servicios y la venta de acciones, por lo que Andalucía es una de las comunidades con más peso de lo privado en la sanidad (…) de los 88 hospitales que hay en Andalucía, sólo 29 son totalmente públicos, 17 son concertados y 42 son privados. La tasa de hospitales públicos por cada cien mil habitantes es de 0,56, lo que sitúa a Andalucía en el antepenúltimo puesto entre las comunidades autónomas y por debajo de la media nacional que es de 0,71”.
Ante tal disparidad de datos supuestamente oficiales, al ciudadano de a pie únicamente le resta volverse loco. ¿A quién creer? ¿Cómo es posible que ambas partes aseguren con tal rotundidad posiciones tan contrarias?. Con esta política de manipulación, lo que PP y PSOE buscan es que los afines a la derecha crean a unos y los partidarios de la izquierda se fíen de los otros, sin contrastar informaciones y desechando aquellos datos que sean contrarios a su ideología. Es decir, todo lo contrario a lo que una información veraz y objetiva debería buscar, que es convencer a base de argumentos y no de aseveraciones.

Como no me gusta lo que existe en España, ni en una cuadra ni en la otra, decidí moverme y buscar datos. Algunos lo llamarían “investigar”, pero esta acción requirió tan poco tiempo que no me atrevo ni a denominarlo de tal forma. Decidí acudir al Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, órgano dependiente de la Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo. Es decir, órgano dependiente de la Junta de Andalucía. La sorpresa fue mayúscula.

Según un estudio de los recursos sanitarios y salud de la población llevado a cabo por este organismo, en 2011 en Andalucía había 34 hospitales generales públicos (47%) y 38 privados (53%). Es decir, más de la mitad de los hospitales generales andaluces eran privados. En lo que respecta al número de camas instaladas en camas públicas y privadas, 17.530 camas pertenecen al primer tipo de servicio (82%), mientras que en el sector privado habría instaladas 3.927 camas (18%). Así, ,mientras que el numero de hospitales privados en Andalucía es enorme, el número de camas instaladas en cada uno de ellos es bastante bajo en relación al de los hospitales públicos.


Veamos ahora la situación en la Comunidad de Madrid. Hace un par de meses la web Acta Sanitaria se hizo eco de un estudio de DBK, empresa española especializada en la elaboración de estudios de análisis sectorial y de la competencia. En dicho estudio se especificaba que en la actualidad Madrid cuenta con 32 hospitales públicos (48%) y 34 privados (52%), con un total de 14.000 (74%) y 4.800 (26%) camas respectivamente. 

Así, a día de hoy las cifras entre ambas comunidades son bastante similares, tanto en número de hospitales privados y públicos como en cifra de camas disponibles en cada uno de ellos. Sin embargo, es preciso puntualizar que ante la inminente ola de privatización de la sanidad de la Comunidad de Madrid, las cifras de hospitales y camas en manos del sector privado aumentarán de manera considerable.

¿Qué podemos deducir con esto? Que mienten ambos. Que ni el PSOE dice la verdad al hablar de un sistema sanitario 100% público en Andalucía ni el PP es sincero al colocar a la comunidad autónoma que preside Griñán como la zona que más apuesta por la privatización en la sanidad. De modo que la única solución es creerse una pequeña parte de lo que dice cada uno. Aunque mi consejo es que no crean a ninguno.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La primera piedra hacia la correcta comunicación política del suicidio

No es la primera vez que trato en este blog el tema del suicidio, y si Rosa Díez está en lo cierto, tampoco será la última. A pesar del silencio mediático e informativo que impera en España alrededor de este tema, Rosa Díez rompió ayer este tabú en el Congreso de los Diputados. Son pocas las apariciones de este tipo que han tenido lugar en las Cortes, de hecho en el año y medio que llevo estudiando este tema sólo Gaspar Llamazares aludió a él al presentar diez preguntas al Ejecutivo sobre la situación del suicidio en España.

Resulta gratamente sorprendente encontrar medidas como la encabezada por UPyD. Rosa Díez hizo uso además de una oratoria en la que no sólo enunció verdades como puños, sino que además colocó la primera piedra sobre cómo debe ser la futura comunicación política del suicidio, hoy en día inexistente. Así, Díez anunció el acuerdo de todas las fuerzas políticas (algo sumamente inusual) para la redefinición de las estrategias de prevención del suicidio existentes en España. 



Más concretamente, se trata de una Proposición No de Ley, un tipo de iniciativa que tiene lugar en las Cortes y que muestra la intención mayoritaria de llevar a cabo una determinada acción, en este caso encaminada a la regulación de la prevención del suicidio. La Proposición en su totalidad se denomina Promoción dentro de la estrategia de Salud Mental de acciones para una redefinición de los objetivos y acciones de prevención del suicidio

Rosa Díez señaló que los datos e informaciones sobre este tema le han llegado gracias a la novela de una amiga suya, Beatriz Becerra, autora de una novela sobre el suicidio infantil titulada La estirpe de los niños infelices. Sorprende que la líder de uno de los cuatro partidos políticos más votados no tenga constancia de la gravedad del suicidio con anterioridad, lo que por otro lado explicaría por qué en su programa político de las pasadas elecciones generales de noviembre de 2012 su partido ni siquiera mencionó el tema del suicidio. La desinformación que existe sobre el suicidio, incluso en las más altas esferas, nos habla de lo oculto que ha estado, y sigue estando, este tema en nuestra sociedad.

La política vasca apuntó que el suicidio se mantiene como un tema tabú y respecto al mismo apuntó lo siguiente:

“Sólo tenemos datos oficiales (los del INE), que ocultan los datos reales (…) se habla poco públicamente y sobre todo políticamente porque nos da miedo abordar este tema, porque tememos las consecuencias (…) hemos roto invisibilidades como la violencia de género, el terrorismo o las enfermedades, pero no la del suicidio (…) como hemos dimensionados esos asuntos, hemos sido capaces de actuar para prevenirlos. Con el suicidio no sucede esto. No abordar el tema del suicidio nos ha llevado a la situación actual (...) el suicidio es el último tabú que queda en la democracia”.
Estas son algunas de las aseveraciones que hizo ayer Rosa Díez en el Congreso y que son completamente ciertas. El suicidio, a diferencia de los asesinatos, el terrorismo o la violencia de género se ha mantenido en el silencio desde hace más de 30 años, y por lo tanto es imposible que se hayan diseñado planes de prevención coherentes y eficientes en busca de la disminución de las cifras de mortalidad por esta causa. Aun así, Rosa Díez se olvida de mencionar que la cifra de muertos por accidentes de tráfico, problema que preocupa enormemente tanto a nivel mediático como político, son inferiores a los ratios de suicidios. Con ese dato sin duda habría hecho reflexionar a la totalidad del Congreso.

Por otro lado, es necesario subrayar que Rosa Díez habla de muertos por suicidio a nivel mundial. Hubiera sido más correcto que UPyD se hubiese referido a las cifras de nacionales, que serían mucho más aclaratorias (de hecho en este blog me he referido a ellas en más de una ocasión). Y es que a pesar de parecer muy rimbombantes, las cifras mundiales pueden dejarnos indiferentes. No impacta tanto saber que se suicida el número total de personas que se suicidad al año en todo el mundo como conocer que en España la cifra es de más de ocho personas al día.



Por último, tiene razón Rosa Díez cuando afirma que “no hay un acompañamiento social e institucional para el drama del suicidio, por eso las familiar callan. Se han hecho planes puntuales pero no conjuntamente ni globalmente. Hay en guardia civil, en hospitales o en comunidades autónomas, todas positivas, pero es necesario un plan conjunto y global”. Las familias se encuentran solas cuando un ser querido se suicida y tienden a ocultar el hecho debido a la escasa empatía y comprensión que existe en España respecto al tema del suicidio.

Ojalá esta Propuesta No de Ley se transforme en algo más concreto y se consiga coordinar con planes de prevención nacionales el papel de la educación, los centros sanitarios y los medios de comunicación, actores clave en este proceso. Pero los partidos no deben contentarse con esta Proposición. Se debe luchar en el seno de cada familia política por dar a conocer el problema del suicidio, empezando por reflejarlo en sus programas políticos y continuando con un seguimiento al número de víctimas que el Instituto Nacional de Estadística nos proporciona cada dos años.

Hay algo muy importante en el paso que ha dado UPyD. A partir de ahora, si los muertos por suicidio aumentan de manera considerable, los políticos deberán dar una respuesta a la población. Esto es lo bueno que tiene sacar el tema del suicidio a la palestra. De ahora en adelante el seguimiento del número de víctimas será mayor y por lo tanto podremos rendir cuentas ante el Congreso de los Diputados. Esperemos que, de darse esta hipotética situación, Rosa Díez siga mostrándose tan comprensiva en este tema como ahora.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Análisis de la tasa de suicidio en Grecia

Según anunció el Gobierno griego, 690 personas se suicidaron en el país heleno hasta agosto de 2012. Aunque este simple dato valdría para que muchos retuitearan sin parar, es preciso contextualizar para conocer si se trata de una cifra preocupante o si por el contrario se engloba dentro de la normalidad. 

En 2011 la cifra total de suicidios en Grecia ascendió a 927. Es decir, la cifra final de 2012 podría igualar a este dato y por lo tanto el número final de suicidios se estaría manteniendo de un año para otro. Sin embargo, lo verdaderamente preocupante llega ahora. En 2009 la cifra de suicidios alcanzó los 677. Vemos por lo tanto que en apenas un par de años las muertes voluntarias se incrementaron alrededor de un tercio en Grecia. Un 37% para ser más exactos. Se trata de un aumento impresionante que coincide con la fase más cruda de la crisis económica en el país heleno. 


No obstante, es necesario todavía determinar si la actual cifra de suicidios en Grecia es alta o baja en relación a la de otros países a pesar del terrible incremento que ha experimentado. Para empezar, hay que recordar que en España las cifras de suicidio superaron las 3.000 muertes en 2010. En Grecia esa cifra no alcanza el millar en 2011. Pero es preciso tener en cuenta la cantidad de habitantes en cada país para calcular así la tasa de suicidios. De este modo, en España, con más de 45 millones de habitantes, dicha tasa enuncia que alrededor de 6 personas de cada 100.000 habitantes se suicidó en 2010. En Grecia, cuya población que supera los 11 millones de habitantes, esta tasa se sitúa en 8,4 suicidios de cada 100.000 en 2011. De modo que la tasa de suicidios en Grecia en 2011, y presumiblemente en 2012, supera a la tasa de suicidios española de 2010 en dos puntos. 

También es necesario precisar que dicha tasa sigue siendo baja en relación a países como Francia, Japón, Corea del Sur o Cuba, en los que este ratio alcanza las 12 muertes por cada 100.000 habitantes. Los países de Europa del Este llegan incluso alcanzan incluso las 30 muertes de cada 100.000 habitantes. Por el contrario, no hay que olvidar que Grecia, como la mayoría de los países mediterráneos, históricamente ha gozado de tasas de suicidio muy bajas. De modo que hay que asumir que el incremento de la tasa de suicidios griega es muy preocupante aunque su ratio de suicidios sigue siendo bastante bajo en comparación con el resto de naciones de nuestro planeta.



Ante esto es preciso realizar dos aclaraciones. El primero de ellos es que no es la crisis económica la única culpable del aumento de la tasa de suicidios. Si bien es cierto que este incremento coincide en el tiempo con el alza de las tasas de suicidio en Grecia, la mala situación económica nunca puede ser el único factor que incite a quitarse la vida a un individuo puesto que un suicidio es un fenómeno multicausal en el que entran en juego multitud de condicionantes, desde el tratamiento que los medios de comunicación otorgan a este aspecto hasta los programas de prevención existentes.

El segundo punto en el que quiero hace énfasis es en la loable capacidad del Gobierno heleno para hacer frente al problema del suicidio difundiendo las cifras e intentando concienciar a la población de las preocupantes tasas de suicidios que se están alcanzando. En España, por el contrario, el suicidio es un tema tabú del que únicamente se habla cuando tiene lugar en circunstancias extraordinarias. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística (INE) aún no ha publicado los datos de muertes por suicidio de 2011, por lo que para hablar de cifras sobre este fenómeno en nuestro país debemos remontarnos a 2010. ¿Es posible que se esté retrasando la publicación de estos datos para no preocupar a la población con una cifra que es especialmente usada por la izquierda para atacar al Gobierno por sus medidas de austeridad? ¿Cabe la posibilidad de que el Gobierno conozca ya la cifra de suicidios de 2011 y de que el aumento que posiblemente se haya producido sea tan grande como para preferir demorar su publicación? Muchos pensarán que sí, y tendrán sus razones para desconfiar. Yo opino que no, y la razón es sencilla. Los datos de 2010 se publicaron en abril de 2012, es decir dos años y pico después, y en esa ocasión los suicidios descendieron  respecto a 2009. Según el INE, los datos de 2011 se van a publicar en abril de 2013, es decir el mismo espacio de tiempo después que en el caso anterior. De modo que, por una vez, y sin que valga de precedente, pensando mal no hemos acertado.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cuando rendirse no es una opción

La culpa fue de las matemáticas. Aún hoy lo sigo pensando. A veces por mi cabeza da vueltas la idea de que si hubiese tenido mejores profesores en esta asignatura, es posible, probablemente… ¿habría tomado otro camino

Obviamente también me atraían las letras. Y a pesar del sentimiento de oveja negra en una familia de ciencias, decidir matricularme en el bachiller de Sociales. Sufrí hasta la saciedad de nuevo con las dichosas matemáticas aplicadas, otra vez con un profesor que dejaba mucho que desear… De modo que decidí huir de los números a la hora de decidir a qué campo quería dedicar el resto de mi vida. Elegí el Periodismo.

“Buenas tardes, bienvenidos a la clase de Teoría de la Comunicación. Lo primero que quiero decirles es que se han equivocado de carrera…” Así me recibieron en la primera clase de mi primer día en la Facultad de Comunicación. Lejos de amedrentarme, persistí. Aprobé sin problemas y desde segundo de carrera no conocí la expresión “verano libre”. Trabajé cobrando una miseria e incluso trabajé gratis, siempre como becario o en prácticas.




Descubrir lo que era El País fue una de las cosas que me animaron a no desistir. Llegué a la facultad sin leer un periódico y salí de ella devorando cada día tanto El Mundo como El País. Pero para qué vamos a engañarnos, a mí me atraía mucho más El País. Los que nos definimos como “ni de derechas ni de izquierdas”, y a los que unos nos llaman fachas y otros rojos, solemos simpatizar con El País. Su historia, sus firmas, su modo de contar los acontecimientos, su aparente transparencia, su supuesto espíritu de compromiso. Es todo aquello que busca un estudiante de Periodismo que no traga a la extrema izquierda pero que jamás votará por el Partido Popular.

Sí, me fascinaba leer El País. De hecho me encantaba leerlo hasta hace un par de semanas. Pablo Ordaz, Enric González, Joaquín Estefanía, Soledad Gallego, Maruja Torres, José Yoldi, Santiago Carcar, Jesús Ceberio, Javier Marías, Mario Vargas Llosa, Ray Loriga, Rosa Montero, Almudena Grandes, David Torres, Ramón Besa… Formaban un equipo maravilloso. Muchos ya no están. Otros seguirán escribiendo para El País, pero ya no será lo mismo. O todos o ninguno. Además El País no puede seguir predicando una forma de hacer periodismo en la que se ha cagado directamente a través de un ERE demoledor basado en las mismas leyes rajoyanas que tantas veces ha criticado en sus páginas y editoriales.


No he mencionado a Ramón Lobo. Para mí algo más que un periodista. Un señor al que comencé a leer por casualidad en su inigualable blog Aguas Internacionales, al que seguí conociendo en su espacio web más personal, En la Boca del Lobo, y con cuyos artículos me deleitaba en las páginas de El País. Cuando comenzó toda esta tormenta del ERE, acusé por twitter al señor Lobo de no ser voraz en sus críticas contra un medio capaz de despedir a más de un centenar de profesionales. Me equivoqué. Dudé de la honorabilidad de un hombre de principios como él y me cerró la boca atacando a la yugular de los responsables un poco más tarde. Fue despedido junto a otros 128 trabajadores de El País.


Pero en otros espacios de prestigio como Jotdown le han acogido con los brazos abiertos. En esta revista Ramón Lobo escribía hace poco sobre lo sucedido, y no pude evitar emocionarme leyéndole cosas como estas: 

"Sin periodistas no hay Periodismo. Sin Periodismo no hay ciudadanía, ni crítica, ni democracia. Tampoco habrá beneficios. Ganarán los Wert, los poca cosa, los nada".
"Soy un número del ERE que afecta a 129 trabajadores de El País; solo somos parte de una limpieza étnica que ha liquidado a 8.400 periodistas en España desde 2008. Somos otra tribu, los sin trabajo, los sin red junto a casi seis millones de parados".
Y releyéndolo por enésima vez pego un puñetazo en la mesa con una mezcla de indignación y euforia. Yo también soy periodista, como Ramón Lobo. Yo también estoy en el paro, como Ramón Lobo. Y como Ramón Lobo, yo tampoco me voy a rendir. Porque como decía otro hombre de principios como Arturo Pérez Reverte, “ya que van a ganar los malos, al menos intentemos que les sangre la nariz”.

martes, 13 de noviembre de 2012

Los desahucios y la comunicación del suicidio

Cada día se suicidan de media en España tres personas, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2010, último año en el que este organismo ofreció cifras. No existe ningún otro modo de conocer de manera certera el número de suicidios que tuvieron lugar en 2011 y 2012, por lo que es posible que actualmente esa cifra media sea algo más baja, ya que la tendencia de las tasas de suicidio en nuestro país tendía a disminuir en dicho año a pesar de encontrarnos en plena crisis. Por otro lado, también es aceptable la teoría de que este dato supera actualmente de manera apreciable los tres suicidios al día, debido a que la crisis se ha acentuado y las condiciones de vida son peores. Pronto el INE ofrecerá los datos de 2011 y saldremos de dudas. En cualquier caso hablamos de que alrededor de 3.000 personas se suicidan al año en España. 

Hace tiempo analicé estos datos y su comparación con los accidentes de tráfico en una entrada en este mismo blog titulada Suidicios Silenciosos, y también profundicé en dicho tema con mi Trabajo Fin de Máster sobre la Comunicación del suicidio en España por parte de los medios de comunicación y los partidos políticos entre 2011 y 2012. Sin embargo, desde hace unos días se ha añadido un nuevo factor al panorama que durante tanto tiempo me he dedicado a analizar. Los desahucios.



En el presente mes de noviembre los medios de comunicación se han hecho eco de varios casos de suicidio que presuntamente tenían relación con un inminente desahucio. En todas las radios, los periódicos, las televisiones y los portales de internet han aparecido informaciones que probablemente nos hayan hecho creer que los suicidios están aumentando de manera considerable y que los desahucios son la causa principal de los mismos. Pues bien, ambas ideas son falsas. Ni los suicidios se han disparado respecto al verano, por ejemplo, ni los desahucios son la única causa que los motiva. 

Como apunté anteriormente es probable que en 2012 los suicidios hayan aumentado respecto a la cifra que en 2010 tendía a la baja. Pero es falso que en noviembre la tasa de suicidios se haya elevado notablemente. De 2005 a 2010 noviembre nunca estuvo entre los seis meses con mayor tasa de suicidios del año, ya que normalmente el alza de muerte voluntarias en un año tiene lugar en los meses que se encuentran entre marzo y agosto. De modo que resulta altamente improbable que de la noche a la mañana un mes con cifras de suicidio históricamente bajas se sitúe a la cabeza de dicho ranking.

Por otro lado, en lo que respecta a la relación entre suicidio y desahucio, es preciso señalar que el suicidio es un fenómeno multifactorial en el que resulta muy difícil, cuando no imposible, determinar la causa exacta que lo ha produjo. Por supuesto, los casos que hemos vivido con dramatismo en los últimos días pueden haber estado relacionados en parte con esta causa, ya que las víctimas se veían condenadas a vivir en la calle. Pero la aparente causa principal de un suicidio casi nunca es ni la única ni la más importante motivación que ha incitado a una persona a quitarse la vida.
Resulta peligroso y muy arriesgado que los medios simplifiquen las causas del suicidio. El efecto contagio que se puede producir entre la población si las informaciones al respecto no cuentan con rigor, veracidad, exactitud y ética son impredecibles. Está claro que es positivo que el suicidio, un tema tan importante en cifras de muertos desde hace décadas, salga a la luz. Incluso Mariano Rajoy habló de ellos como “hechos dramáticos”, un hito en la comunicación política del suicidio en España. Sin embargo, cabe preguntarse si la forma en la que dicha comunicación se lleva a cabo está siendo la adecuada, tanto en los medios como en el plano político.

Una importancia excesiva, la situación de las noticias de suicidios en la portada de los periódicos y los telediarios, el sensacionalismo, los prejuicios, la difusión de datos e imágenes escabrosas o la simplificación de las causas que motivan tal fenómeno pueden provocar que los suicidios de este tipo aumenten de manera considerable, lo que propiciaría la reaparición del debate de si es correcto que los medios y los políticos traten este tema debido al mimetismo que pudiere producir (ver efecto Werther). Y la respuesta es que si la comunicación del suicidio se lleva a cabo de manera ética y veraz, los suicidios pueden llegar a reducirse. Sin embargo si persiste el tratamiento erróneo que hasta ahora se está produciendo en los medios, las tasas de suicidio se dispararán y la falsa teoría de que los medios no deben hablar de este tema se difundirá. De modo que es preciso profundizar en la comunicación del suicidio, pero teniendo en cuenta el modo en el que ésta se desarrolla.

martes, 6 de noviembre de 2012

Pérez Reverte, un tipo en extinción

Puede que a algunos les resulte difícil elegir, pero a mí me resulta sencillísimo. Prefiero que Arturo Pérez Reverte me muestre su forma de ser desde el primer momento (me guste o no me guste) a verme obligado a contemplar su verdadero yo cuando menos preparado esté para asimilarlo.

Y es que a nadie le debe sorprender que este caballero hable con franqueza cada domingo desde su columna en el XL Semanal y desde sus más de cuatro horas domingueras con las que nos deleita en twitter. Sobre todo con esto último. Pérez Reverte alegra la tarde a unos y se la agua a otros con sus tuits siempre sinceros (y si no, que se lo digan a Anasagasti). Puede que en ocasiones se pase de la raya y puede que en otras se cague directamente en dicha raya, pero lo que nunca hace Pérez Reverte es sobreactuar, eso que tanto le gusta hacer a políticos como Soraya Rodríguez, Esteban González Pons, Eduardo Zaplana o Pepiño Blanco (entre miles y miles más).



Entre balazos de la izquierda y la derecha. Entre gritos de rojo y fascista. En medio de esa batalla Pérez Reverte camina despacio mirando con desprecio a unos y a otros. Parándose sólo a hablar con aquellos que se desorientan entre tanta pantomima, en absoluto incitándoles a seguirle, sino invitándoles a pensar. Cada domingo los tuits de este sesentón nos recuerdan que sigue habiendo un espacio que no está dominado por ningún elemento del poder político económico. Puede de hecho que dicho poder se aproveche del discurso de Pérez Reverte para ejemplificar su total imparcialidad y alejamiento del trabajo de los medios. Puede que las ovejas negras como este señor sirvan para que el resto del rebaño piense que son libres aunque no lo sean. Y es que tampoco hay mal que por bien no venga.

Para los que hemos leído todos los libros y todos los artículos semanales de este cartaginés desde hace años, a veces nos resulta complicado juzgar sus actos. Es difícil evaluar qué ha hecho mal un hombre con el que te muestras de acuerdo a rabiar cada vez que lo lees. Su cabreada ironía refleja a la perfección lo que muchos vemos y no sabemos conformar con palabras. Su idea de España como una amante puta a la que tanto hemos querido y que tantas veces nos ha cagado en la cara que nos hace buscar en otras (Francia o Inglaterra son atractivas) lo que en ella no encontramos. Y aunque queramos soltarnos seguimos atados a España, tan sujetos por ella como sujetos a ella. Estas ideas conmueven y emocionan a aquellos que durante mucho tiempo llevamos sintiendo lo mismo sin darnos cuenta hasta que viene este señor y te lo escribe.



Juan Gómez Jurado explicaba a la perfección en una entrevista en Jot Down lo que es Pérez Reverte: 

Arturo es un genio. Es una de las principales plumas de este país, un grandísimo escritor, un gran periodista y una persona que ha construido un personaje que a mí me parece honesto. Es decir, un personaje en el que él mismo se ha acabado convirtiendo porque, como decía Oscar Wilde, “cuando llevas mucho tiempo puesta una máscara, la máscara acaba convirtiéndose en la cara”. Arturo no ha cambiado de forma de pensar desde que es Arturo. Entonces, entiendo que eso es una forma honesta de trolear. No lo hace por llamar la atención, sino porque él es así.
El gran Joaquín Sabina era más breve pero quizá más claro e incisivo al hablar sobre él en la misma revista:
Un gran tipo. No lo conozco personalmente. Me gustan sus Alatristes y también sus exabruptos y esas opiniones suyas dirigidas a mandar a tomar por el culo a casi todo el mundo.
Si en el mundo existiera más gente como este señor quizá no seríamos más felices, ni más solidarios, ni siquiera más eficientes. Pero estoy seguro de que nos convertiríamos en seres valientes, honestos y cultos, tres cualidades que bastarían para arreglar muchos elementos de esta ajironado mundo.

martes, 23 de octubre de 2012

Cómo alejar democracia y populismo

Hace una semana debatíamos aquí sobre lo sencillo que les resulta a muchos políticos usar el populismo en su beneficio con el objetivo de conseguir votos y perpetuarse en el poder. Hablábamos de que la solución a este fenómeno debería ser mejorar la calidad de la democracia y no tanto la cantidad o la frecuencia en la que pedimos opinión al pueblo. 

Podría parecer que consultar a la población todas aquellas cuestiones que el poder considere oportunas resulta beneficioso para la buena marcha de un sistema soberano. Y sería así si estas convocatorias no se llevaran a cabo de manera electoralista. Es decir, si los gobiernos buscasen la opinión del pueblo en aquellos temas que consideren trascendentes y no únicamente en los que les ayuden a reafirmarse en el poder. Y es que el principal problema de aumentar los referendos es el uso político que se podría  hacer de ellos.



Álvaro Uribe, expresidente colombiano, intentó consultar en un referéndum si la población estaba de acuerdo con que el presidente del país se pudiese presentar a las elecciones presidenciales tantas veces como quisiese. Esto, que parece muy democrático, es un arma de doble filo. Y es que si los votantes hubiesen concedido su deseo a Uribe, éste podría haberse perpetuado en el poder mientras consiguiese persuadir a la población de que no existe mejor candidato que él, algo que en países de sistemas democráticos tan débiles como los sudamericanos es factible y peligroso. Y así lo consideró el Constitucional colombiano, que evitó que se celebrase el referéndum ya que se podría alterar con ello el orden democrático. ¿Y si en el siguiente referéndum se les hubiese preguntado a los votantes sobre la posibilidad de que Uribe se mantuviese en el poder de por vida anulando las elecciones? El Estado debe poner límites a esto. 

Pero para que la nación pueda contar la autoridad necesaria para hacerlo es obligatorio que el colectivo que escoja a sus gobernantes tenga la capacidad de hacerlo. Que la población global de un país participe en la vida política diaria es un peligro enorme. Los defensores del “que vote todo el mundo todas las veces que sea necesario” se olvidan de lo que mueve el populismo y de que las masas pueden llegar a ser muy peligrosas para la propia democracia. ¿Alguien duda de que en un referéndum se pueda llegar a votar a favor de eliminar Congreso y Senado, dentro de un contexto de descontento social? Sin duda podría pasar. Y también que el paso siguiente sea que quién sustituya a ambas cámaras sea un caudillo. Un político con carisma que disfrace con democracia lo que en realidad sería dictadura.

Por ello llevo tiempo planteando que no todo el mundo debe votar. Los ciudadanos debemos tener la opción de poder votar, eso sí, pero esto no significa que todos tengamos que hacerlo. Así, y apoyándome en las teorías del incomprendido John Stuart Mill, a aquella gente que pase olímpicamente de la política no se le permitiría votar, ni tampoco a aquellas personas que reciben en su casa los programas políticos de los diversos partidos y ni los abren. Y mucho menos a la gente que cambia de canal y se cruza de acera cuando divisa a lo lejos cualquier tipo de información política

Mi propuesta es que antes de cada elección tenga lugar un pequeño y básico examen tipo test a cada votante potencial para que demuestre que domina de manera general los programas de los diversos partidos que se presentan. Si el ciudadano pasa esta prueba podrá votar, pero si no es así no tendrá derecho a asistir a las urnas el día de las elecciones. De este modo los partidos políticos se preocuparían mucho más en comunicar sus propuestas electorales para que todo el mundo las conociera, de tal forma que sería más difícil que no las cumpliesen una vez en el Gobierno, ya que si así fuese quedarían retratados. Y por supuesto los resultados electorales no se verían deformados por el voto de la gente que escoge a un candidato por inercia, por prejuicios o por desinformación.




Por supuesto se trata de una idea en la que aparecen muchos matices que perfeccionar y dudas que solventar, pero con ese formato mejoraríamos claramente la clase política de nuestro país, que pasaría a estar mucho más capacitada para gobernar. Una vez hecho eso podríamos comenzar a hablar de aumentar la frecuencia con la que la gente pueda ir a votar. Pero antes de mejorar cuantitativamente la democracia es necesario aumentar la calidad de la misma.

viernes, 12 de octubre de 2012

Tiempos de populismo

La RAE no contempla el término populismo en su última edición. Se trata de un hecho refutable que basta para corroborar que tal palabra es una burda invención política que sigue la principal premisa de este mundillo teatral y deshonesto; ganar elecciones. El populismo es un término tan peligroso como eficaz, como así nos intentó demostrar la historia por medio de Hitler o Mussolini. La RAE parece saberlo y decidió ignorar dicho término a pesar de que su misión debería ser la de reflejar lo que persiste en la sociedad, sin consideraciones subjetivas. Y objetivamente es innegable que el populismo es una realidad evidente en el mundo en el que vivimos, de modo que la RAE, muy a mi pesar, debería plantearse la posibilidad de incorporarlo a su futura vigésimo tercera edición, ya que se trata de una palabra de ardiente y desgraciada actualidad. 

Podemos definir populismo en política (posiblemente únicamente exista en política) como el conjunto de acciones encaminadas a conseguir el favor popular a sabiendas de que dichas acciones no son ni las más útiles, ni las más eficaces, ni las más coherentes. Puede incluso que esas propuestas rompan con la filosofía del partido político, sin embargo el hecho de que el resultado de las mismas pueda ser un aumento del número de votos justifica el uso de dichas acciones. Es decir, consiste en hacer lo que sea por conseguir el mayor número de votos posible, tomando decisiones a sabiendas de que están son del gusto de una gran parte de la población. Algunos de los casos más recientes y vergonzosos se están viviendo en Cataluña y en Galicia.



El de Artur Mas es un ejemplo en el que el nacionalismo está muy presente, y es que no existe elemento más útil para llenar de votos del mismo color las urnas que potenciar un sentimiento entre la población, señalar al agresor que impide la realización de la acción que motiva dicho sentimiento y prometer una serie de elementos pseudofactibles que compongan el camino hacia el objetivo marcado. Artur Mas ha llevado este proceso al extremo. Dos años después de ganar las elecciones ha vuelto a convocar unas nuevas para el próximo mes de noviembre con el objetivo de que los votantes no le penalicen por su mala gestión de la crisis, esgrimiendo la afilada espada del nacionalismo para atacar a España, según él la causante de la depresión económica en Cataluña. 

Mas puede conseguir así la mayoría absoluta que actualmente no tiene en una situación de crisis de la que evita asumir la responsabilidad y en la que, con otras circunstancias, perdería las elecciones de manera estrepitosa. Sin embargo, presentando las votaciones como una elección entre el sometimiento a España o la reivindicación de la libertad de Cataluña, el panorama electoral varía considerablemente y podría asegurarse así el gobierno de la Generalitat durante cuatro años más. Pérez Reverte explica a la maravilla este fenómeno domingo a domingo en twitter con su punzante y larriana ironía.


Feijoo realiza un proceso similar al que lleva a cabo Artur Mas, pero divergente al mismo. El presidente de la Xunta cuenta con la mayoría absoluta en la actualidad y aun así ha decidido convocar elecciones adelantadas. Su intención es la de defender su aparentemente buena gestión económica antes de que las cosas se pongan peor para su partido y, por arrastre, para él mismo. Así, si en las próximas elecciones gallegas el PP mantiene la mayoría absoluta, Feijoo se asegurará el gobierno de dicha comunidad autónoma por cuatro años más. En este caso y en el de Artur Mas los gobiernos de cuatro años se ampliarían simplemente por elegir el momento más indicado para consultar a la población quién desee que gobierne.


Así, ese populismo se alía con los peligros de la democracia para conseguir que una formación política se perpetúe en el poder. Chávez lo hizo en Venezuela, Uribe lo intentó en Colombia pero el poder judicial lo evitó, y David Cameron va a llevar a cabo algo parecido en Reino Unido al permitir un referéndum por la independencia de Escocia en la fecha y las circunstancias más adecuadas para que el NO se imponga.

La crisis prosigue su curso, la democracia se resiente y el populismo representa a los cañones que están acabando con ella. Y la solución no es más democracia, sino mejor democracia. Pero eso lo debatiremos en otro momento.

sábado, 7 de julio de 2012

La pataleta de López Obrador

No me gusta que Peña Nieto sea el nuevo presidente de México. No me gusta en absoluto. En este mismo blog escribí hace unos meses que un hombre como él debería estar desterrado del teatro político. Su incultura y su imagen artíficial me hacen pensar, como a mucha gente, que se trata de un muñeco colocado en primera línea para satisfacer oscuros intereses empresariales, entre ellos los de Televisa.


La telegenia ha llevado a Peña Nieto a la presidencia. Y por supuesto, este es un elemento que debe controlar cualquier candidato político. El problema empieza cuando dicha cualidad es llevada al extremo y no se complementa con ninguna otra virtud. El nuevo presidente de México es guapo, correcto e intenta ser educado aunque a veces no lo consigue. Conoce sus defectos y se pone a la defensiva cuando alguien los explota, mostrando una altivez que no me gusta un pelo.

Sin embargo la situación política, económica y social que vive México ha provocado que la población busque ante todo la seguridad. Y por supuesto, Peña Nieto promete que esa será su máxima. Se puso el traje de pragmático y prometió resultados a sus votantes. Resultados palpables, según él. Para ello renegó de las malas prácticas que tuvo el PRI (su partido) en el pasado (gobernó durante más de 70 años y fue acusado de emplear herramientas dictatoriales) al mismo tiempo que se cobijaba bajo la grandeza de su partido argumentando que sólo una estructura tan grande y poderosa como el PRI podría devolver la tranquilidad a México.


Así, muchos meses antes de las elecciones Peña Nieto partía con una ventaja aparentemente insalvable sobre sus perseguidores, Josefina Vázquez Mota del PAN por un lado y Andrés Manuel López Obrador del PRD por el otro. Especial atención requiere este último, hombre culto, experimentado, con buen verso e interesantes ideas políticas. Partía en tercer lugar en las encuestas y sin embargo consiguió adelantar por la derecha a Vázquez Mota para colocarse cerca de Peña Nieto en el sprint final. Pero le fue imposible alcanzar al gran favorito.

Nada que reprochar a López Obrador, por lo tanto, excepto dos cosas. La primera de ellas es que durante la campaña usó todas sus energías en sacar la mayor distancia posible a la candidata del PAN, olvidando que debía atacar a Peña Nieto. He echado de menos a un López Obrador que dejase en ridículo al actual presidente durante los debates electorales. Su verso habría destrozado el discurso preconcebido del candidato priísta. La segunda cosa que López Obrador no puede permitir es dejarse llevar por el dolor de la derrota, poner en duda la democracia en México (siempre muy cuestionada) y desestabilizar a un país que necesita reforzar la confianza en las instituciones cuanto antes.


La pataleta de López Obrador ha manchado su imagen y le perjudicará gravemente de cara a su papel en la oposición, que junto al PAN debe ser básico para evitar que Peña Nieto se propase. Si Peña Nieto resulta ser quien parece ser, un instrumento en manos de las grandes empresas mexicanas, y con el PAN de travesía por el desierto, López Obrador debe ser el único que verdaderamente defienda las peticiones del pueblo. Así que déjese de pataletas, don Andrés Manuel, y use la cabeza.

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Twitter sí o twitter no?


El twitter sin duda es una herramienta de vital importancia en el día a día de muchas empresas y partidos políticos. Son muchas las asociaciones que han decidido crear una cuenta en esta plataforma con la intención de ampliar su campo de acción y difundir su mensaje de forma más sencilla y eficaz. El campo de acción de cualquier ente se amplía inmediatamente con twitter.

Aun así parece claro que no todas las empresas tienen por qué tenerlo. Algunas, porque sus actividades no necesitan repercusión en la sociedad. Otras, porque no pueden actualizarlo diariamente. Y si un twitter (así como un blog o una página de Facebook) no va a ser cuidado de manera asidua, la mejor decisión que se puede tomar es eliminarlo. No existe nada más perjudicial para una institución que un espacio web descuidado y olvidado.

En el campo de la política este aspecto tiene más miga. Hoy en día son pocos los partidos o los políticos de renombre que no cuentan con esta herramienta de manera activa dentro de su plan de comunicación. Otro debate sería si se usa de manera correcta.

El caso es que existen estudiosos de la comunicación política que ponen en duda el beneficio que el twitter puede reportar a este tipo de organizaciones. Luis Arroyo, por ejemplo, ofrece en su blog Todo lo que hay que saber sobre comunicación política una lista de diez razones por las que un partido político no debería depositar en twitter sus esperanzas.

Enrique Dans se une a esta crítica, pero sólo en aquellos casos en los que se hace un uso negligente de esta plataforma. Así por ejemplo censura completamente a los políticos que pagan a un ejército de twitteros para conseguir autobombo. No da nombres, pero nos imaginamos por dónde pueden ir los tiros.

Otros muchos estudiosos, como Gutiérrez Rubí, lo que critican es el escaso partido que le sacan al twitter las diversas formaciones política. Rubí considera que el twitter será una pieza clave en el futuro de la comunicación política, razón por la cual cree que tanto las empresas como los partidos políticos deben luchar a muerte por encontrar buenos community managers que luchen por posicionar a su empresa lo mejor posible dentro del espectro comunicativo digital.


Son varias y muy distintas teorías. Lo que a día de hoy está claro es que el twitter tiene una incidencia social potente así como una transcendencia mediática considerable, respaldada por los medios tradicionales, que se hacen eco de lo que se “cuece” en este espacio. Por ello, aunque no  conozcamos el futuro de twitter, sí que sabemos de su presente. Y mi madre decía que más vale prevenir que curar, sobre todo si después de comernos el melón queremos evitar a toda costa cagar las pepitas.

Así que apuesten por profesionales de la comunicación para manejar sus redes sociales, señores políticos y empresarios. A día de hoy, parece lo más inteligente.

lunes, 23 de abril de 2012

La peculiar forma de comunicación de Diego Valderas

Diego Valderas ha conseguido uno de los mayores éxitos de toda su carrera política. Los 12 escaños que alcanzó en las pasadas elecciones autonómicas en Andalucía dan a IU la llave para formar el nuevo Ejecutivo.

Presumiblemente, Valderas pactará con el PSOE, ya sea para que Griñán sea investido (con la condición de influir de manera notable en la gobernabilidad de Andalucía) o bien mediante un pacto de Gobierno con el que IU podría conseguir varias consejerías así como bastante poder. No obstante, esta última opción recordaría bastante a sus electores a la llamada “pinza” con la que IU y PSOE llegaron al poder en 1996 y que tan malos resultados trajo consigo después para el partido de Valderas.




Lo que parece completamente descartado es un pacto IU-PP, aunque a la hora de explicar las razones, los argumentos se queden cojos. IU lleva años quejándose de que PP y PSOE son lo mismo, y sin embargo a la hora de pactar se niega tajantemente a hacerlo con los populares (salvo en multitud de ayuntamientos y en Extremadura). “El agua y el aceite no se pueden mezclar”, dijo Valderas al respecto.

Y es que el coordinador de IU en Andalucía es así, un hombre natural, una persona real. Se le nota tanto cuando habla por twitter mencionando a Rappel como en pleno Parlamento de Andalucía. El vídeo en el que aparece descuajeringándose de risa en un Pleno refleja a este hombre, cuya actitud campechana de Valderas es tan sincera que en ocasiones puede jugarle una mala pasada, como un día antes de las elecciones, cuando se refirió a una componente del PP como “la de las tetas gordas”, hecho que por otro lado ha recibido escasa o nula repercusión por parte de los medios de comunicación andaluces, en su mayoría posiblemente interesados en no dejar mal a IU ante la importancia de un pacto entre esta formación y el PSOE para perpetuar al partido de Griñán en el Gobierno y continuar así con una serie de favores que posiblemente los responsables de muchos periódicos, radios y televisiones tengan en esta comunidad autónoma. Más vale PSOE en mano que PP volando.






El caso es que los responsables de Comunicación del partido deben estar temblando con Valderas, hombre poco dado al control y al teatro que conforma la esfera política. Habrá que ver si consigue ser tan fiel a sus principios cuando entre en el Gobierno, y si consigue llevar a cabo un papel activo y provechoso para una región que necesita un cambio. Y lo que parece claro es que Griñán por sí solo no se lo va a dar.

lunes, 26 de marzo de 2012

El mensaje de Los Idus de Marzo

Todos conocemos o al menos avistamos, cuáles son los entresijos de las personalidades políticas más importantes de este planeta. El ciudadano de a pie no suele tener una buena imagen de sus representantes políticos y factores como la corrupción o la incompetencia manchan aún más una profesión que debería ser valorada y respetada.

Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar que lo que vemos e intuimos es simplemente la punta de un iceberg. Existen muchos otros elementos aparte de los que nos llegan a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Los políticos se rodean de personas que les marcan las pautas a seguir y les aconsejan como crearse una identidad que tenga posibilidades de triunfar en el teatro político. Se trata de los asesores políticos.




Los Idus de Marzo es una película que refleja a la perfección esa combinación de lucha de intereses, partida de ajedrez y escenario de máscaras que es la política. Pero no se centra en la representación de todo ello que hacen los candidatos, sino que va más allá y se sumerge en el oscuro, eficaz y absolutamente necesario trabajo del asesor político, que desde detrás de la barrera tiene la misión de anticiparse a cualquier situación que pudiese afectar a los intereses del señor para el que trabaja. A su vez, un asesor debe analizar lo que está sucediendo en el escenario social en cada momento y aplicar las estrategias comunicativas necesarias para que su candidato saque el mayor provecho posible a cada una de ellas.

A todo esto hay que unir la indispensable relación provechosa con la prensa que debe mantener todo asesor, siendo consciente de que un profesional de la comunicación puede ir contra él en cualquier momento, y también cabe destacar la intensa lucha que se produce entre los asesores de diversos candidatos por ganar un ápice de terreno, de tal modo que al final una campaña política se convierte en una batalla de anticipación, inteligencia, rapidez de actuación y estrategia.





Si a todo ello le añadimos un escenario como unas elecciones primarias en EEUU (en esta ocasión del partido demócrata) obtenemos un producto final cuanto menos interesante. Es de esperar que cualquier persona que vea esta película se replantee al menos la validez de la democracia en la que vive y reflexione acerca de los engaños, falsas apariencias y sobreactuaciones a las que ha asistido sin apenas darse cuenta.

Se trata, en resumen, de las mentiras que se nos cuentan y las verdades que se nos ocultan. Estos son los ingredientes de la maravillosa película que dirige George Clooney y en la que él mismo participa, haciendo gala de la madurez profesional y el prestigio que está alcanzando en el mundo del celuloide. 

lunes, 12 de marzo de 2012

Las cuentas de la lechera

En pleno siglo XXI, y con la cantidad de tecnología avanzada que existe, parece mentira que aún puedan darse situaciones como la que tuvo lugar ayer en Madrid. Las movilizaciones que se produjeron en la capital en protesta por la reforma laboral se desarrollaron sin incidentes y sirvieron de calentamiento para la huelga general que, si todo sigue igual, tendrá lugar el 29 de marzo. Pero lo verdaderamente llamativo de todo esto es la disparidad de versiones que circulan sobre la cantidad de gente que asistió a la movilización.

Mientras que los sindicatos afirman con total convicción que alrededor de medio millón de personas secundaron la protesta que arrancaba en la Plaza de Neptuno, fuentes policiales rebajan esta cifra hasta la de 30.000 manifestantes. La diferencia entre una y otra versión es tan abismal que uno solo puede pensar que alguno de los dos le toma por tonto y que le está contando el mayor embuste de la historia. O quizá son los dos los que mienten, cosa harto probable.




Y es que por mucha gente que hubiese en la movilización, parece imposible que alguien pueda equivocarse en más de 400.000 almas a la hora de dar la cifra definitiva. Entendería que una u otra parte barajasen números que variaran en 50.000 personas, pero no es así y la buena fe de estas fuentes queda completamente en entredicho.

Hasta puedo imaginar a Cándido Méndez y a Ignacio Fernández Toxo poniéndose de acuerdo en la cantidad definitiva y engordada que decidieron dar a la prensa. Quizá en un primer momento pensaron que la cifra de 300.000 manifestantes estaba bastante bien. Pero quizá, momentos después, se mostraron a favor de inflar aún más los datos. Ya puestos…

Por otro lado, estoy viendo a un alto cargo del ministerio del Interior haciendo una llamadita a los peces gordos de la Policía Nacional para que hagan ver a sus agentes en Madrid que la mayoría de la gente que vieron por la calle simplemente paseaba, y que en ningún momento mostraba intención de manifestarse, por lo que una cifra inicial que barajaban de unos 100.000 partícipes debería disminuirse, digamos que hasta los 10.000. O mejor no, pongamos mejor 30.000 aunque nos pese, y así no damos mucho el cantazo.




Pero la culpa no es de ellos, sino de la raza humana, que aún no ha decidido ponerse a inventar una maquinita cuentamanifestantes, cosa que como decía al principio de esta pseudo entrada sería de blog, parece increíble en un mundo en el que los ordenadores lo manejan casi todo. Aunque también es verdad que probablemente tanto Gobierno como sindicatos encontrarían la forma de manipular cifras incluso si un cacharro modernísimo hiciese un recuento exacto de la gente que asistió. 

Si sirve de algo, El País afirma que sus observadores contaron alrededor de 51.000 personas en la manifestación. Ni 52.000 ni 49.000, sino 51.000. Esto dejaría un poco en evidencia a los sindicatos. Pero quién sabe si El País no tiene intereses a la hora de dar esa cifra. A priori parecería que no, pero visto lo visto, mejor no fiarse.

domingo, 26 de febrero de 2012

La cuchilla de afeitar de Jordi Évole

Cuando enciendes la televisión y ves a un hombre joven, bajito y con gafas entrevistándose con algunos de los hombres más poderosos e influyentes del país, lo primero que te viene a la mente es que hay algo que no cuadra. Choca comprobar cómo un tipejo que se inició a las órdenes de Buenafuente ha llegado a dirigir el mejor programa de televisión de España. Aunque con lo que hay actualmente en las pantallas, tampoco es muy difícil.

Jordi Évole ha creado un espacio que casi siempre consigue ampliar el conocimiento general de la audiencia. Pocas veces he visto Salvados y no he aprendido nada. Los contenidos del programa son excelsos, el guión resulta sublime y todo ello se entrega al espectador perfectamente empaquetado a través de un formato innovador, sencillo y atractivo.





Su informal manera de vestir, su tímida actitud, sus preguntas aparentemente inocentes y sus gestos nerviosos completan una imagen que pretende corresponderse con la de cualquier ciudadano de a pie. Las conversaciones de Évole con las grandes personalidades a las que entrevista son las que tendría cualquier persona decente que no entiende muy bien por qué las cosas son como son en el mundo en el que vive. El director de Salvados cuestiona en voz alta aspectos que muchos no entendemos y por los que probablemente no nos preocupamos hasta que él nos lo pone sobre la mesa.

Pero lo más interesante de todo es que Jordi Évole da siempre la oportunidad al entrevistado de explicarse. Por muy atacado que sea por la sociedad, el sujeto sobre el que centra su atención el programa es respetado por el entrevistador y nunca se manipulan sus palabras. La maestría de Évole está en que siempre encuentra el modo de conseguir declaraciones llamativas de forma sucinta. Y todo ello rebozado con un humor simpático y sutil.





Además, los políticos cambian completamente su actitud cuando se enfrentan a Jordi Évole. Duran i Lleida, Rajoy, Eguiguren o Basagoiti olvidan los manidos discursos a los que nos tienen acostumbrados para adoptar una postura conciliadora ante las cámaras de Salvados, lo que no implica que esquiven preguntas ni mucho menos. Jordi Évole aprovecha esa proximidad que les ofrece para cortar con su cuchilla de afeitar y buscar el quid de la cuestión. Así, por ejemplo, en el programa que se emitió ayer y que como cada domingo abordó un tema interesante y de ardiente actualidad, resultaron especialmente clarividentes las palabras de José María Menaex fiscal jefe de Cataluña.

"Mi satisfacción llega cuando me miro al espejo por la mañana y compruebo que no soy un hijo de puta. Otros no pueden decir lo mismo. (...) En el mundo de la justicia, como en cualquier otro, hay buenos y malos, lo que pasa es todos creemos que los malos son los otros".

En un mundo en el que muchos supuestos profesionales de la comunicación sacan continuamente el hacha a pasear es de agradecer la labor de periodistas como Évole, que con una pequeña cuchilla de afeitar son capaces de sacar el jugo adecuado. En esta entrevista en Jot Down deja clara su filosofía.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Garzón y Contador

A miles de españoles les ha fastidiado (por decirlo suavemente) la sanción a Contador. Olvidan que el ciclista español, a pesar de nacer en Pinto y de constituir un motivo de orgullo nacional, dio positivo en un control antidopaje. La cantidad de clembuterol encontrada en su sangre es una nimiedad, pero ¿también era tan baja el día de antes? ¿Y dos días antes? Nadie lo sabe, quizá tuvo mala suerte y le pillaron. Quizá no se dopó y se comió un filete infectado, cosa harto improbable.

En cualquier caso, una persona que no ha superado un control antidopaje debe ser sancionada. Está claro que el procedimiento no ha sido el adecuado y probablemente el castigo es excesivo, pero no hubiese sido justo que Contador saliese indemne. Por mucho que nos duela, esa es la realidad.


Al igual que forma parte de la cruda realidad que el juez Garzón debía ser castigado. A muchos (entre los que yo me incluyo), Baltasar Garzón les parece una persona valiente profesionalmente, tenaz, inteligente y constante. Ha luchado contra los males de este país durante muchos años y parece obvio que merece el reconocimiento de la sociedad española. Pero no debemos confundir el término “reconocimiento” con el de “permisividad”.

Parece claro que Garzón pasó olímpicamente de la Ley de Amnistía de 1978, texto que continúa en vigor y que como tal debe ser respetado. El juez se consideró competente a la hora de investigar y juzgar temas cuya deliberación jurídica no está permitida. Por supuesto, estoy en contra de esta ley y obviamente repudio con todas mis fuerzas tanto la dictadura de Franco como todas las muertes que se produjeron antes y durante su régimen autoritario.


Pero la buena intención de Garzón es para mí comparable a la simpatía y confianza que nos inspira Contador. Está claro que son valores que debemos defender y alabar, pero estas cualidades positivas no implican que las actuaciones de ambos sujetos sean siempre correctas.

Puede que Contador no se dopara y puede que Garzón quisiera devolver la esperanza a miles de familias despojadas de dignidad. Pero también puede ser que Contador hiciese trampa y que Garzón lo único que buscase fuese popularidad a costa de la ley. Lo que sí se ha demostrado es que ambos se saltaron las normas, por lo que es justo que sean castigados. A pesar de que mucha gente es feliz creyendo que las cosas son como debería ser y no como en realidad son, en ocasiones evadirse no es una posibilidad.

martes, 31 de enero de 2012

Los intereses de El País y los intereses de Chacón

Resulta curioso leer en El País el reportaje titulado Chacón & Compañía, firmado por Luis Gómez pero reivindicado por toda la redacción del periódico. Es decir, no se trata de una opinión personal del autor, sino de una información de la que se hace cargo la empresa.

En este extenso reportaje se reivindica la figura de Rubalcaba contraponiendo su calidad política a la de Chacón. O mejor dicho, a una imagen de Chacón creada por el autor a conciencia con la intención de desautorizarla ante el lector. La candidata a ostentar la Secretaría General del PSOE aparece como una mujer que depende completamente de su marido y que se encuentra insertada en un entorno que la considera una mera herramienta para alcanzar sus objetivos.


 

Carme Chacón (o Carmen Chacón, como le gusta que le llamen ahora) está casada con Miguel Barroso, ex director de Comunicación de Zapatero y ex secretario de Estado de Comunicación. Al parecer, este hombre mantiene relaciones muy activas con Jaime Roures, uno de los peces gordos de Mediapro y por lo tanto responsable del devenir de medios como Público y La Sexta. En este círculo también surge la figura de Javier de Paz, amigo personal de Zapatero y persona de influencia en la cúpula de poder del anterior gobierno. La intención del reportaje de Luis Gómez es la de asociar a Chacón con la política de Zapatero e insinuar que se encuentra subordinada a los intereses de Mediapro, grupo de comunicación que prácticamente fue fundado por el ex presidente del gobierno.

Lo relevante todo esto no es la campaña de desprestigio en sí que ha iniciado El País contra Chacón, sino las razones de la misma. El grupo PRISA en su totalidad compite en el espectro comunicativo con los medios de comunicación más cercanos a la derecha, eso parece claro. Pero es aún más obvio que sus verdaderos competidores, los que le quitan clientes, son los periódicos, radios y televisiones que luchan por penetrar en la izquierda ideológica española. La Sexta, por lo tanto, competía de tú a tú con Cuatro, mientras que Público era el principal responsable de la pérdida de lectores de El País.



Otra de las finalidades de tan agresivo artículo es la de alabar la independencia y la experiencia de Rubalcaba ante el continuismo que según este periódico llevará a cabo Chacón si lucha por llegar La Moncloa en 2016.

El País parece haber iniciado así una peligrosa batalla contra Chacón, con el fin de colocarse en primera fila de las preferencias de Rubalcaba si este consigue imponerse en el Congreso de Sevilla, lo que además beneficiaría a El País ya que con esto se conseguiría el fin de los favores hacia Mediapro. Sin embargo, Rubalcaba por ahora se ha desvinculado de estas informaciones, fiel a su línea de tender la mano a Chacón, que gracias a los muchos apoyos con los que cuenta en el PSOE promete dar guerra hasta el final.


Lo que parece claro es que El País ya ha levantado sus cartas. Parece que PRISA apoyará abiertamente a Rubalcaba y que lo hará a costa de desprestigiar a Chacón. La pregunta es qué pasará si Chacón se impone al ex ministro de Interior y sobre todo si llega a La Moncloa. Parece que Chacón dejará a un lado a El País y apostará por los medios de comunicación de Mediapro (hoy incluso ha concedido una entrevista a Ferreras en La Sexta). ¿Qué hará entonces El País? ¿Cambiará de intereses con otro artículo firmado pero de carácter netamente editorial? ¿Se mantendrá firme en sus críticas a Chacón o atribuirá las mismas a Luis Gómez como opinión particular dentro del periódico, y sostendrá que no es una información respaldada por PRISA? Una cosa parece clara, la guerra de intereses ha comenzado y es posible que más de uno cambie de bando cuando el viento deje de soplar a su favor.

viernes, 20 de enero de 2012

La decisión del comandante

Todo lo que engloba a la política es institucional, pero no todo lo que es institucional engloba a la política. Al menos no directamente. Y como mi misión es hablar sobre aquello que atañe al ámbito político o institucional, el hundimiento del crucero Costa Concordia cerca de la isla de Giglio me ha dado la excusa perfecta para hacerlo.

Y es que, aunque pueda parecer que solo las decisiones políticas son las que pueden hacer rechinar los engranajes de la opinión pública, existen ciertas aspectos a nivel institucional que son capaces de crear más comentarios que un discurso de Rajoy.


Hablo de la decisión del comandante del crucero hundido de avisar con una hora de retraso a los equipos de rescate. Pongámonos por un momento en la piel de ese pobre hombre, que ve cómo por una mala decisión personal su enorme barco, con más de 4.000 personas a bordo puede irse a pique. Nada más chocar con la dichosa roca, y con un boquete en el caso de casi 70 metros en el casco, el comandante sabe que es hombre muerto. La compañía lo despedirá con total probabilidad ya que los daños materiales ocasionados al crucero son de un enorme valor económico. Eso es algo que el señor comandante ya no podía evitar.

Pero mientras se encontraba acodado en la barandilla del barco, observando lo que acababa de provocar, se le planteaban dos opciones. La primera de ellas era avisar a las autoridades para desalojar el barco inmediatamente. Otra era la de intentar llevar el crucero a la costa e intentar que todos los pasajeros pisaran tierra los más rápido posible, evitando así que los medios de comunicación hiciesen de aquello un circo.


El comandante apostó por la segunda opción. Una vez acabada su carrera profesional, al menos intentó que su reputación no se viera enormemente afectada y que se enterase de aquello la menor cantidad de gente posible. Si el barco lograba acercase a la isla y todos los pasajeros pisaban tierra sanos y salvos, los medios de comunicación solo tendrían el titular de que un crucero con más de 4.000 personas fue desalojado por precaución. Usando bien el arte de mentir, podrían incluso decir que fue una falsa alarma, y reparar posteriormente el boquete de 70 metros en secreto.

Pero del dicho al hecho, como decía mi madre, hay un trecho. A pesar de que el comandante intentó acercar al barco lo más posible a la isla, la situación era ya insostenible y una hora después del choque, se vio obligado a llamar urgentemente a los equipos de rescate. Probablemente fue presionado, en su ceguera, por el resto de la cúpula directiva del barco. Finalmente cedió pero con ello no evitó seis muertes, cientos de heridos y la enorme repercusión mediática que el hecho ha tenido. Y para colmo, este individuo abandonó el barco antes de que gran parte de los pasajeros fueran rescatados.


Es decir. El comandante provocó el choque con las rocas por una mala decisión personal, demoró la llegada de los servicios de rescate por una mala estrategia mediática, y para colmo abandonó a sus pasajeros, en contraste con el capitán del Titanic, que nunca lo hizo. La decisión institucional que tomó no pudo ser más errónea, y ahora conviene observar como la compañía enmienda errores y lleva a cabo una campaña para intentar atraer a los millones de potenciales pasajeros que seguramente hayan decidido no viajar con jamás en un crucero de la misma cadena. Probablemente todo empiece con una bajada de precios bestial.